Efemérides

Sánchez Ferlosio, la pérdida del escritor

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Hoy, 1 de abril nos ha dejado Rafael Sánchez Ferlosio.

Rafael Sánchez Ferlosio nació en Roma el 4 de diciembre de 1927, en la margen izquierda del Tíber, en el llano designado como Campo de Marte. En esa ciudad, su padre, Rafael Sánchez Mazas, también escritor, ejercía entonces el cargo de agregado cultural en la Embajada de España, así como la corresponsalía del diario ABC. Sánchez Mazas estaba casado con Liliana Ferlosio, que era romana. Rafael pasa en Roma los tres años de la Guerra Civil española, en casa de su abuela, pero a pesar de esos vínculos italianos, su vida transcurrirá en España.

El niño se educa, así, en un ambiente extremadamente culto y literario, como su propio padre lo reconoce en una entrevista que tuvo lugar cuando le concedieron a Rafael el Premio Nadal: “…ha encontrado conversaciones, libros, idiomas que tal vez en otro lugar no hubiese hallado. Así ha podido tener a su alcance, desde muy pequeño, clásicos griegos y latinos, italianos y franceses. Ha podido hacer viajes desde la infancia por Francia e Italia” (ABC, 8 de enero de 1956).

Estudia el bachillerato con los jesuitas en el Colegio de San José de Villafranca de los Barros. A diferencia de otros intelectuales que han pasado por esa experiencia (como algunos escritores de la generación del 14) Ferlosio no guarda mal recuerdo de los jesuitas, según contará en el capítulo titulado “Borriquitos con chándal”, recogido en el libro La hija de la guerra y la madre de la patria. En ese período de su bachillerato descubre su vocación literaria, según se nos dice en el apunte biográfico que figura en la contraportada de El testimonio de Yarfoz: “Allí [en el colegio], a la edad de catorce años, en el texto de literatura española de don Guillermo Díaz-Plaja y en la frase en que el autor, retratando al infante don Juan Manuel, decía literalmente: «Tenía el rostro, no roto y recosido por encuentros de lanza, sino pálido y demacrado por el estudio», conoció cuál era su ideal de vida”.

Comienza en Madrid la carrera de Arquitectura, que enseguida abandona, y pasa después a estudiar la especialidad de Filología semítica, que tampoco concluye. Lo mismo ocurrió con sus incipientes estudios de cinematografía, y, en concreto, de dirección. Él mismo se ha referido con frecuencia a su escasa “profesionalidad”, por lo que esta palabra —y él mide muy bien las palabras— pueda tener de superficial o utilitario. Precisamente, al final del citado apunte biográfico en que se habla del infante don Juan Manuel, se dice lo siguiente: “No obstante, ha sido siempre demasiado perezoso para llegar a palidecer y demacrarse en medida condigna a la de su ideal emulatorio, y su máximo título académico es el de bachiller. Habiéndolo emprendido todo por su sola afición, libre interés o propia y espontánea curiosidad, no se tiene a sí mismo por profesional de nada”. Si algo distingue la actividad intelectual de Ferlosio es el interés intrínseco por lo que estudia y por la escritura, al margen de cualquier otra consideración. Esta actitud se percibe de manera muy especial en su meticulosidad cuando escribe.

Hace el servicio militar en África, “con tropas moras”, si seguimos las palabras de su padre antes citadas, y probablemente, según otras fuentes, en un destacamento nómada. Algo de esa experiencia africana, que concuerda con ese interés inicial por las lenguas semíticas, se reflejará en los comentarios de un personaje de El Jarama, cuando hable del consumo del kif —es decir, del hachís— así como de las costumbres y de la manera de hablar de los musulmanes.

Por esos años frecuenta a un grupo de jóvenes escritores entre los que se encuentran Jesús Fernández Santos, Ignacio Aldecoa, Medardo Fraile, Juan Benet y Alfonso Sastre. Por mediación de Ignacio Aldecoa conoce a Carmen Martín Gaite, con la que contraerá matrimonio más tarde, y de la que años después se separará. Con ella tendrá una hija, Marta, que fallecerá en los años 80. La mayoría de aquel grupo de escritores se reúnen en el café Lyon en torno a Antonio Rodríguez Moñino, fundador de Revista Española. Desaparecida esta revista, el grupo iría paulatinamente distanciándose. También frecuenta Ferlosio durante algún tiempo el Ateneo de Madrid, donde, al parecer, solía ocupar siempre el mismo pupitre en la biblioteca.

En esa época en que de unos estudios universitarios pasaba a otros, Ferlosio publicó, en 1951, en edición que le costeó su madre, la novela Industrias y andanzas de Alfanhuí. Ferlosio ha contado de manera poco fiable en El Mundo (18 de abril de 2001, ver versión digital elmundolibro.com) que el libro lo había escrito un primo suyo.

Esa edición, que podemos considerar como “doméstica”, y que según la citada declaración de Ferlosio costó 13.000 pesetas de entonces por una tirada de 1.500 ejemplares, la repartió entre sus amigos, que la acogieron de forma favorable. La novela lleva al final fecha de 13 de diciembre de 1950, es decir, contaba Rafael, en ese momento, veintitrés años recién cumplidos.

Durante la primera mitad de los años cincuenta publica un artículo de crítica literaria sobre la novela Los bravos, de Jesús Fernández Santos, en Correo Literario, dos narraciones breves —“Niño fuerte” y “Hermanos”— en Revista española, y otro relato —“De cinco a seis”— en Ateneo. También publica en Revista Española una versión de Totó el Bueno (Milagro en Milán), de Cesare Zavattini, escritor tan ligado al cine y al neorrealismo, lo que demuestra su conocimiento del italiano y su interés por la cultura italiana. Entre el 10 de octubre de 1954 y el 20 de marzo de 1955 —si tenemos en cuenta los datos que figuran al final del libro— escribe El Jarama, que presenta al Premio Eugenio Nadal de 1955. Obtiene el premio con el fallo unánime del jurado, hecho que nunca se había dado antes en este concurso. Un miembro del jurado, Ignacio Agustí, dirá más tarde que El Jarama ha sido el premio Nadal mejor concedido desde su fundación. La novela aparece editada por Destino en febrero de 1956, y por ella se le concede también a Ferlosio el Premio Nacional de la Crítica de narrativa en castellano. Durante ese mismo año se suceden tres ediciones de El Jarama.

DESCARGAR ARTÍCULO COMPLETO: La novela en los años 50: Rafael Sánchez Ferlosio.

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