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PIONERAS. Mujeres artistas de la vanguardia rusa y Realidad y devoción abandonan el Thyssen en Junio

PIONERAS. Mujeres artistas de la vanguardia rusa

PIONERAS. Mujeres artistas de la vanguardia rusa

Del 1 de marzo al 16 de junio de 2019

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza presentaba el 1 de marzo, el montaje especial Pioneras. Mujeres artistas de la vanguardia rusa que, finalizará el 16 de junio de 2019, y que ha reunido en la sala 43 una selección de 12 obras de las colecciones del museo de Natalia Goncharova, Alexandra Exter, Olga Rózanova, Nadeshda Udaltsova, Liubov Popova, Varvara Stepanova y Sonia Delaunay, además de textos, biografías y fotografías. Todas ellas crecieron y se formaron en un régimen que se aferraba a los valores de la época preindustrial y, sin embargo, se convirtieron en pioneras de la creación, difusión y defensa de los nuevos lenguajes artísticos que fascinaron y escandalizaron a partes iguales a la sociedad rusa y europea de comienzos del siglo XX.

A comienzos del siglo XX, se fraguó un renacimiento cultural sin precedentes en el Imperio Ruso. La vida artística se llenó de exposiciones y exaltados manifiestos que combinaban influencias de corrientes vanguardistas extranjeras con aspectos genuinos de la cultura rusa. Este acontecimiento excepcional tuvo además una característica que lo diferenció del resto de los movimientos artísticos de la época: la conocida como vanguardia rusa contó con una participación femenina no solo muy numerosa, sino también extremadamente activa y relevante.

Algunas de las más destacadas artistas de este movimiento forman parte del montaje especial Pioneras. Mujeres artistas de la vanguardia rusa, que reúne una selección de 12 obras de las colecciones del museo de Natalia Goncharova, Alexandra Exter, Olga Rózanova, Nadeshda Udaltsova, Liubov Popova, Varvara Stepanova y Sonia Delaunay, además de textos, biografías y fotografías. Todas ellas crecieron y se formaron en un régimen que se aferraba a los valores de la época preindustrial y, sin embargo, se convirtieron en pioneras de la creación, difusión y defensa de los nuevos lenguajes artísticos que fascinaron y escandalizaron a partes iguales a la sociedad rusa y europea de comienzos de siglo.

Jóvenes, inteligentes, libres y rebeldes no formaron un grupo, aunque muchas de ellas se conocieron e influyeron mutuamente. Sus nombres están asociados a los diferentes movimientos que se sucedieron durante los últimos años de la Rusia de los zares y sus carreras habían alcanzado la madurez cuando, en 1917, triunfó la Revolución de Octubre. Con su ímpetu y determinación no solo consiguieron integrarse en completa igualdad en la vanguardia, sino que en muchos sentidos la lideraron, marcando un importante hito en la historia del arte.

Natalia GoncharovaNatalia Goncharova (Negaievo, 1881-París, 1962).

Desde sus primeras obras de finales de la década de 1900, Goncharova combinó a la perfección un interés por los movimientos de vanguardia europeos con la búsqueda de inspiración en el folclore y las raíces populares rusas. Tras esta primera fase neoprimitivista, donde se apreciaba la admiración por Gauguin y Matisse, se interesó por el cubismo y el futurismo, y finalmente desarrolló, junto a Larionov, el rayonismo. Este movimiento, basado en las teorías científicas de la luz, convertía el espacio pictórico en una reflexión sobre la acción y la refracción de los rayos lumínicos.

Alexandra Exter (Belostok, 1882-Fontenay-aux-Roses, 1949).

Alexandra ExterAlexandra Exter fue una figura clave en las conexiones entre la vanguardia rusa y las corrientes artísticas que se estaban desarrollando en Europa occidental. Su temprano interés por la escena parisiense la llevó a pasar largas temporadas en la capital francesa a partir de 1907, donde conoció entre otros a Pablo Picasso y Georges Braque. Cautivada por las posibilidades del nuevo lenguaje  cubista, lo adoptó inmediatamente y se convirtió en una de sus principales embajadoras en Rusia. El contacto con el matrimonio Delaunay y con los futuristas italianos hizo que se interesara por la introducción del movimiento en sus obras y confirmó su apuesta por el color. Al estallar la Gran Guerra volvió a su país donde, atraída por la obra de Kazimir Malévich, realizó sus primeras obras no figurativas. Durante estos años inició sus colaboraciones teatrales y, a partir de 1921, diseñó moda.

Olga RózanovaOlga Rózanova (Melenki, 1886-Moscú, 1918).

Rózanova está considerada una de las artistas más originales de la vanguardia rusa que destacó tanto por  su firme apuesta a favor de un arte no figurativo, como por su continua búsqueda de nuevas formas de expresión. Sus inicios estuvieron ligados al  futurismo que conoció de la mano del poeta Alexei Kruchenykh, inventor del lenguaje experimental zaum. La artista no solo colaboró en el diseño de numerosas publicaciones futuristas, sino que ella misma comenzó a escribir poemas transracionales. En paralelo, pintó sus primeras obras de estilo cubofuturista, donde el color ya era su preocupación principal. Resultaron tan innovadoras, que Filippo Marinetti decidió incluirlas en la Primera Exposición Futurista Internacional de Roma, en 1914.

Nadeshda UdaltsovaNadeshda Udaltsova (Orel, 1886-Moscú, 1961).

Nadeshda Udaltsova estuvo vinculada al cubismo desde que, en noviembre de 1912, viajó junto a su amiga Liubov Popova a París. Con ella asistió a las clases de Jean Metzinger y Henri Le Fauconnier en la Académie de La Palette y, a partir de entonces, este lenguaje se convirtió en la base fundamental sobre la que construyó unas obras que se consideran la mejor manifestación de este movimiento en Rusia. Tras la Revolución de 1917, participó activamente en diversas iniciativas culturales e impartió clases. También fue miembro del Instituto Estatal de Cultura Artística (Injuk), aunque lo abandonó en 1921 por discrepancias con los artistas de la corriente constructivista, que defendían el abandono de la pintura como práctica artística.

Liubov Popova (Ivanovskoie, 1889-Moscú, 1924).

Desde muy temprano, Popova combinó su fascinación por el arte antiguo ruso con numerosos viajes familiares por toda Europa. El arte clásico italiano, en especial los fundamentos compositivos del estilo renacentista, dejaron una imborrable huella en ella. Interesada también por las corrientes artísticas contemporáneas, viajó a París en 1912 con su amiga Udaltsova, donde entró en contacto con el cubismo. Una nueva estancia en Italia le permitió conocer de primera mano el futurismo, combinando ambos lenguajes  en sus obras. Posteriormente, su interés osciló entre el suprematismo y el constructivismo, aunque manteniendo siempre una clara independencia artística. En 1921, junto a otros artistas del Instituto Estatal de Cultura Artística (Injuk), renunció a la pintura de caballete e inició una importante carrera como diseñadora gráfica, textil y escenógrafa.

Varvara Stepanova ( Kaunas 1894 – Moscú 1958).

La más joven de las pioneras admiró, durante los primeros años de su carrera, a los poetas futuristas y, en 1917, comenzó a escribir poemas transracionales que se convirtieron en la base de una serie de libros manuscritos en los que, siguiendo a Rozanova, combinaba texto y formas abstractas. Su entusiasmo por el triunfo de la Revolución de Octubre, la llevó a poblar sus obras con personajes que representaban el ideal (robótico, eficiente y dinámico) de la era socialista. En septiembre de 1921, se unió al grupo de artistas que decidieron abandonar la pintura de caballete. Stepanova, única artista de su época con formación en artes aplicadas, expandió sus ideas al terreno del diseño de vestimenta y textil, a la decoración de espacios públicos y teatrales y se convirtió en una de las principales representantes del constructivismo.

Sonia DelaunaySonia Delaunay (Odesa, 1885-París, 1979).

A pesar de haber pasado la mayor parte de su vida en París, todo en la vida y la obra de Sonia Delaunay parece conectar con sus  orígenes rusos. Su defensa a ultranza del color, la apuesta por la abstracción y el interés por expandir sus ideas artísticas a todos los objetos de la vida cotidiana, se asemejan enormemente a los principios estéticos que defendían muchos de sus compatriotas de la vanguardia en Rusia, con los que mantuvo contactos. En la capital francesa, Sonia pronto se convirtió en una figura clave para la vanguardia gracias a la aventura simultaneísta que emprendió junto a Robert Delaunay,  su  marido  desde 1910. Juntos investigaron los contrastes de color y la disolución de la forma a través de la luz, lo que los encaminó a la abstracción.

El montaje se completa con un vídeo sobre la restauración de las obras Pesca (Pescadores) (1909), de Natalia Goncharova, y Jugadores de billar (1920), de Varvara Stepanova. La pintura rusa de comienzos del siglo XX, así como la de otras vanguardias históricas, plantea problemas de conservación y por eso es supervisada regularmente. La restauración de estos dos lienzos permite analizar algunas de las problemáticas comunes a las obras de este periodo y contribuir a su mejor conservación.

ACTIVIDADES COMPLEMENTARIAS.

Conferencia Pioneras. Mujeres artistas de la vanguardia rusa: el miércoles 5 de junio, a las 18.00, la comisaria de la muestra, Marta Ruiz del Árbol, impartirá una charla de acceso gratuito sobre el contenido de la misma.

Explicaciones En Sala. Obras Escogidas: el grupo de voluntariado del Museo ofrece explicaciones de algunas de las obras incluidas en el montaje, los jueves y sábados, a las 12.00 y 17.00, de los meses de marzo (Alexandra Exter, Naturaleza muerta, 1913), abril (Sonia Delaunay, Vestidos simultáneos. (Tres mujeres, formas, colores), 1925), mayo (Liubov Popova, Arquitectura pictórica (Bodegón: Instrumentos), 1915) y junio (Natalia Goncharova, Pesca (pescadores), 1909). Actividad incluida con  la entrada, sin inscripción previa, hasta completar aforo.

FICHA DE LA EXPOSICIÓN

Título: Pioneras. Mujeres artistas de la vanguardia rusa

Organiza: Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid

Sede y fechas: Madrid, Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, del 1 de marzo al 16 de junio de 2019. Sala 43, colección permanente

Comisaria: Marta Ruiz del Árbol, conservadora de Pintura Moderna del Museo Nacional Thyssen- Bornemisza.


Realidad y devoción.
10 obras del Museo Nacional de Escultura de Valladolid
Sala 2, Museo Nacional Thyssen-Bornemisza
Realidad y devoción

Atribuido a Felipe Bigarny. San Marcos (Los cuatro Evangelistas) (detalle), 1501-1525. Museo Nacional de Escultura, Valladolid

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza presentó el 25 de marzo, y podrá visitarse hasta el 16 de junio de 2019, una selección de diez obras procedentes del Museo Nacional de Escultura de Valladolid. Las piezas se integran con las obras de la colección permanente, por coincidencias temáticas o temporales, siguiendo un itinerario que recorre las salas de la segunda planta.

Así, una talla de San Marcos (1501-1525), atribuida a Felipe Bigarny, dialoga  en la sala 2 con la pintura dedicada al mismo santo del alemán Gabriel Mälesskircher. Se trata de una pieza en madera policromada en la que San Marcos aparece sentado en un atril, acompañado del león y concentrado en la redacción de las Sagradas Escrituras. Su figura se enmarca en un fondo arquitectónico donde resalta la riqueza de la decoración vegetal. Frente a un tondo del maestro manierista Beccafumi, se expone la Sagrada Familia con san Juanito (hacia 1535), altorrelieve atribuido a Gabriel Joly, cuyas líneas curvas delatan que también fue concebido como un tondo; un busto anónimo del Emperador Carlos V de joven (hacia 1520) lo hace junto al retrato del mismo que pintó Lucas Cranach el Viejo, o la imagen de San Antonio de Padua (hacia 1560-1575), de Juan de Juni, acompaña temporalmente a La Virgen y el Niño con santa Rosa de Viterbo, de Murillo, perteneciente a la colección del museo.

Entre las obras neerlandesas, en la sala 3, se expone una escultura anónima de San Adrián (1501-1525), un santo vinculado a localidades del norte de Francia y la región de Gante. Oficial del ejército de Maximiliano, entre sus atributos están la espada, la llave -que alude a los carceleros de quienes es patrón-, y la indumentaria de guerrero. La talla, en madera policromada, se ha relacionado con otras ejecutadas en los Países Bajos meridionales donde se registran características propias del Renacimiento italiano, como el rostro idealizado o la estilización de las telas.

En la sala 6, Santa Catalina de Alejandría (hacia 1683- 1687), del círculo de Aniello Perrone, ofrece un magnífico ejemplo de escultura religiosa barroca, donde cada detalle desprende dinamismo y movimiento.

Virgen con el niñoEn la sala siguiente, frente a un tondo de Beccafumi, se ha instalado la Sagrada Familia con san Juanito (hacia 1535), atribuido a Gabriel Joly, un altorrelieve de gran belleza tanto por la colocación de las figuras como por sus gestos y miradas. Sus líneas curvas delatan que pudo ser concebido como un tondo integrado en un conjunto más amplio.

Santa Ana, la Virgen y el Niño (hacia 1515), de un artista vinculado a la  ciudad de Limburgo,  se exhibe en la sala 8, donde el mismo tema aparece en el tríptico de Hans Suess Kulmbach. Es una escultura que se aleja de la tradición medieval al abordar el tema mariano con un alto grado de realismo e intimidad.

En la sala 9, un busto anónimo en piedra caliza del Emperador Carlos V de joven (hacia 1520) se mide con el retrato que Lucas Cranach el Viejo pintó en 1533. A pesar de que la obra sigue la tipología del busto florentino, el rostro está esculpido con un lenguaje realista cercano al arte flamenco. El Emperador porta el Toisón de Oro, símbolo de su poder y la fecha de ejecución coincide con la de su coronación en Aquisgrán.

Santa Ana, la Virgen y el Niño (hacia 1515),

Anónimo (Taller de Limburgo). Santa Ana, la Virgen y el Niño, hacia 1515. Museo Nacional de Escultura, Valladolid

En la sala 10, junto a una obra de Joss van Cleve con el mismo tema, se expone un Niño Jesús (1634- 1667) atribuido a Alonso Cano. La pieza es un excelente ejemplo de las obras devocionales de pequeño formato que se hicieron muy populares en Sevilla a finales del siglo XVI.

En la sala 14 está la Cabeza de un apóstol (1667-1700), de Pedro Roldán. Se trata de una pieza de bastidor, en las que se tallaban cabeza, manos y pies mientras que el cuerpo se cubría con ricos ropajes. Con La Virgen y el Niño con santa Rosa de Viterbo de Murillo, dialoga en la sala 15 una talla en madera policromada de Juan de Juni, San Antonio de Padua (hacia 1560-1575). El Niño Jesús se gira para mirar con ternura al santo, como ocurre entre los personajes de Murillo.

La última pieza, en la sala  19, es un Demonio de un autor anónimo del siglo XVIII que sirve de contrapunto a San Miguel expulsando a Lucifer y los ángeles

Juan de Juni. San Antonio de Padua con el Niño, hacia 1560- 1577. Museo Nacional de Escultura, Valladolid / Bartolomé Esteban Murillo. La Virgen y el Niño con santa Rosa de Viterbo, hacia 1670. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid rebeldes, del taller de Rubens. Como indica la postura horizontal de la figura y las señales de un anclaje antiguo, la pieza debió formar parte de un conjunto en el que se escenificaría la caída de los ángeles rebeldes.

Tríptico

Hans Suess Kulmbach. Tríptico del Rosario. Tabla central anterior a 1510, alas laterales de 1513. Museo Nacional Thyssen- Bornemisza, Madrid

FICHA DE LA EXPOSICIÓN.

Título: Realidad y devoción. 10 obras del Museo Nacional de Escultura de Valladolid

Proyecto organizado por el Área de Pintura Antigua del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

Sede y fechas: Madrid, Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, del 25 de marzo al 16 de junio de 2019

Directora del proyecto: Mar Borobia, jefa del Área de Pintura Antigua Comisaria técnica: Mª Eugenia Alonso, Área de Pintura Antigua Número de obras: 10

 

Más información: www.museothyssen.org

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