‘Joan Miró: Esculturas 1928-1982’ en el Centro Botín de Santander
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‘Joan Miró: Esculturas 1928-1982’

El Centro Botín de Santander abre el 20 de marzo sus puertas a una muestra única y antológica, que exhibirá los principales trabajos escultóricos de Joan Miró y su original proceso creativo, alejado de los cánones tradicionales.

‘Joan Miró: Esculturas 1928-1982’ reunirá por primera vez más de un centenar de esculturas de todos los periodos artísticos de Miró (Barcelona, 1893 – Palma, 1983), además de dibujos, bocetos preparatorios de sus trabajos, fotografías del artista, vídeos en los que puede contemplarse su proceso en la fundición y los objetos con los que creaba sus obras, gran parte de ellos inéditos, reunidos por primera vez y restaurados expresamente para esta exposición.

El ensamblaje de materiales recogidos por el propio Joan Miró en sus paseos por el campo y la transformación de objetos cotidianos en piezas artísticas, son las señas de identidad del trabajo escultórico del artista, para quien la libertad y la poesía fueron la esencia de todas sus creaciones. “Me siento atraído por una fuerza magnética hacia un objeto, sin premeditación alguna; luego me siento atraído por otro objeto que al verse ligado al primero produce un choque poético, pasando antes por ese flechazo plástico, físico, que hace que la poesía te conmueva realmente y sin el cual no sería eficaz…”, explicaba Joan Miró respecto a su proceso creativo.

Concebida única y exclusivamente para el Centro Botín, ‘Joan Miró: Esculturas 1928-1982’ se podrá disfrutar en el nuevo centro de arte de la Fundación Botín, en Santander, del 20 de marzo al 2 de septiembre de 2018. Una exposición que cuenta con la generosa colaboración de la Obra Social “la Caixa”.

Esta exposición antológica constituye un hito en el acercamiento a la figura de Miró en relación a la escultura. Así, por primera vez se aprecia el trabajo creativo del artista, mostrando los objetos originales y los diversos materiales que utilizaba en sus creaciones; su trabajo en las distintas fundiciones; los proyectos para monumentos; sus ideas plasmadas en bocetos y su selección de materiales, hasta la última transformación en la pieza buscada.

Comisariada por Mª José Salazar, miembro de la Comisión Asesora de Artes Plásticas de la Fundación Botín y experta en la obra de Miró, y Joan Punyet Miró, nieto del artista y cabeza visible de la Successió Miró, la selección de obras abarca desde la primera pieza, creada en 1928, hasta la última, fechada en 1982. Asimismo, están representados todos los materiales con los que trabajó el artista: hierro, bronce, madera, pintura, fibras de vidrio, poliuretano o resinas sintéticas. Se incluye también una selección de la colección privada de pequeños y curiosos objetos que el propio Miró atesoraba en las estanterías de su biblioteca, la cual ha cedido generosamente su familia y que es, en cierto modo, el fundamento de su mundo escultórico. Según el propio artista, “Quiero hacer esculturas enormes. Me preparo amontonando cosas en mi estudio”. Y ciertamente, el artista “crea con ellos un mundo fantasmagórico, irónico y lúdico, pudiendo parecer incluso que la escultura esta formada por  una conjunción inverosímil de objetos, obtenidos al azar; pero nada más lejos de la realidad. Miró intuía y buscaba las formas”, afirma María José Salazar.

La mayoría de las piezas provienen de la colección privada de la familia de Miró, de la Fundació Miró de Barcelona y de la Fundació Pilar i Joan Miró de Mallorca, además de obras cedidas por instituciones internacionales, entre las que destacan el Museum of Modern Art de Nueva York,  la The Pierre and Tana Matisse Foundation de Nueva York, la Fondation Maeght de Saint-Paul-de -Vence y la Galerie Lelong de París; así como el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, la Fundación “La Caixa” o el Gobierno de las Islas Baleares.

Miró
JOAN MIRÓ
Oiseau solaire, 1966
120 x 180 x 102 cm
Bronce
Successió Miró. Depositada en la Fundació Pilar i Joan Miró a Mallorca. ©Successió Miró 2018

La exposición se ha dispuesto, considerando la cronología, en cinco espacios. En líneas generales, se puede afirmar que ‘Joan Miro: Esculturas 1928-1982’ exhibirá una selección de sus mejores construcciones, ensamblajes, esculturas monumentales, así como imágenes diversas de su proceso creador tomadas por grandes fotógrafos como Joaquim Gomis, Josep Planas Montanyà o Francesc Catalá-Roca; de bocetos que nos remiten a su constante entrega y búsqueda de las formas y, especialmente, de los materiales originales con los que concibe las piezas en la soledad de su estudio.

Esta muestra incluirá piezas significativas como Danseuse Espagnole (1928), que es su primer trabajo en la búsqueda de una tercera dimensión, o la construcción Painting –Object (1931). También destacan obras que el artista denomina Femme, con las que crea sus primeros bronces en 1949 o que retoma un año más tarde, entremezclando hueso, piedra y hierro. Sus esculturas pintadas de 1967, como Femme et oiseau, Personnage o Jeune fille s’évadant, entre otros trabajos; esculturas monumentales, como Femme Monument (1970), Personnage y Porte I, ambas de 1974, L’Oeil attire les diamants (1974), en la que retoma trabajos experimentales, o Souvenir de la Tour Eiffel (1977), una escultura de tres metros de altura concebida con objetos ensamblados.

Por último, merece la pena mencionar que esta exposición contará con una publicación, editada expresamente para este fin, que recoge textos sobre el proceso creador de Miró a cargo de Mª José Salazar y de Joan Punyet Miró y Emilio Fernández Miró, nietos del artista que aportan su conocimiento directo y han participado en la organización de la muestra, que viene gestándose desde hace años. Además de una biografía escultórica, este catálogo incluirá por primera vez la reproducción fotográfica de todas las obras en exposición, junto a la catalogación y reproducción de imágenes de los objetos y materiales que componen o han servido para la creación de las obras.

Recorrido de la exposición

Recibe al visitante de la muestra la escultura Personnage (1974), obra que podría decirse resume su proceso creador al ensamblar objetos diversos que ejecuta finalmente en resina sintética pintada. Aquí se expondrán las primeras piezas que reunió Miró, muchas de ellas desconocidas, de pequeñas dimensiones y muy delicadas, así como  las dos primeras esculturas que el artista catalán realiza en bronce, junto a su primera gran obra monumental: Oiseau solaire (1966).

Junto a este espacio, y con sentido didáctico, se mostrará el proceso creativo de Miró. Para ello, se exhibirán diversas obras acompañadas de los materiales originales que recogía el artista en sus paseos por el campo para, después, concebir las esculturas. Tal es el caso de Tête de taureau (1970) que surge de una raíz de un viejo olivo.

Miró
Tête et oiseau, 1967
200 x 115 x 70 cm
Bronce pintado
Fondation Marguerite et Aimé Maeght, Saint- Paul, Francia. Inv. 0038
Credit line: Photo Claude Germain – Archives Fondation Maeght, Saint-Paul de Vence (France).
©Successió Miró 2018

También se sirve de objetos de la vida cotidiana como jabones, una figura de un pavo de un belén navideño o un silbato que se mostrarán junto a la escultura final; o bien los yesos preparatorios de las piezas, retocados y pintados en ocasiones por el artista, sin obviar sus trabajos directos, como cuando utiliza su propia huella del pie en la búsqueda de nuevas formas. Así, en este espacio se quiere mostrar cómo Miró no busca ni selecciona, solo encuentra lo que su desbordante imaginación le hace ver, dotando de una identidad propia a la escultura, cuya unidad se basa en la propia poética de la construcción.

En un tercer espacio se exhibirán piezas ciertamente singulares, esculturas con diferentes texturas; obras surgidas de la utilización de objetos de uso cotidiano, como la trona de su nieto, con otras en las que de nuevo experimenta y retorna a sus orígenes y, especialmente,  piezas nunca antes vistas. En este sentido, se muestran de forma inédita las tres únicas piezas que se conservan, originales y completas, de los montajes que desarrollaba Miró antes de su traslado al bronce.

En un cuarto ámbito, podremos contemplar sus proyectos  monumentales, o sus esculturas filiformes, ligeras pero potentes. Aquí se expondrá Porte I (1974) junto a un vídeo en el que se aprecia el procedimiento de la fundición de esta  pieza, concebida expresamente para su exposición en el Grand Palais de París, en 1974.

Cerrarán la exposición las grandes piezas en color del artista. En ellas, Miró utiliza una gama cromática concreta y definida en tonos puros -verde, azul, rojo, amarillo, negro- que son traslaciones de la tierra, de la luz y del sol, que muestran tanto su predilección por los colores intensos y brillantes del románico, como su admiración por la obra de Gaudí.

En todos estos espacios, y repartidas cronológicamente por la sala, podrán apreciarse piezas monumentales -de más de tres metros de altura- que hacen alusión a su deseo de hacer esculturas en gran formato para mostrarlas en espacios urbanos y así llegar a un público más amplio.

ETAPAS ARTÍSTICAS DE MIRÓ

Sus inicios escultóricos en París

Creador incansable e innovador, Miró comienza en París en 1928 la construcción de su personal lenguaje en tres dimensiones, y aunque se inicia sobre el formato pictórico tradicional, evoluciona hacia formas más sintéticas, configurando un nuevo discurso en el desarrollo de la escultura contemporánea. Así, sus primeras creaciones son obras cercanas a las vanguardias, pero especialmente personales y libres, de tal manera que configuran un mundo propio, denominado en ocasiones como “mironiano”. Miró superpone en el espacio pictórico madera, cordeles, tablas y metal, sustituyendo de este modo las formas por elementos como lija o corcho, y los símbolos por objetos reales como cartabón o pluma, que sin duda abren el camino de la escultura.

Trabajos escasos pero importantes, que apenas han llegado hasta nosotros, quizás por la propia fragilidad de los materiales.

Retoma la escultura

En los años 40, frente a la dura realidad de la vida circundante, como las guerras y el exilio, Miró se escuda en un mundo irreal de sueños. Su soledad, su aislamiento del mundo del arte, son el germen de su dedicación a la escultura, que retoma a raíz de su colaboración con el ceramista Josep Llorens Artigas. Es el verdadero nacimiento de Miró escultor y sus trabajos, entre 1946 y 1956, están estrechamente ligados a la cerámica.

La libertad, la poética y la imaginación creativa de Miró se supeditan al dominio de Artigas. La colaboración entre ambos se intensifica al recibir el encargo de dos grandes murales para la sede de la UNESCO en París.

Elabora en esta etapa sus primeros bronces, concibiendo una figura iconográfica propia que surge al ensamblar objetos vulgares de uso cotidiano, dotándolos de una visión poética; los denomina, genéricamente, Femme, haciendo así referencia no tanto a una determinada mujer sino a un concepto universal de la misma. “Sin duda es su temática predilecta, a la que recurre a lo largo de toda su trayectoria, junto a pájaros y estrellas; una cierta combinación de los mismos le posibilita cualquier trasgresión, a la vez que lo identifica con un lenguaje cósmico propio e identificativo”, explica María José Salazar.

Nuevos talleres y madurez de su obra

En 1956 se cierra este ciclo y se abre un nuevo tiempo vital y artístico en el que tiene una gran importancia su traslado a Palma de Mallorca, donde fija su residencia. Allí, Josep Lluís Sert le construye un estudio que le proporciona nuevos y aislados espacios, y donde puede hacer realidad su viejo anhelo de tener su propio taller. A él se suma Son Boter, la “possessió” (casa señorial de carácter rural) del siglo XVIII en la que trabaja la escultura, abocetando incluso las mismas en las paredes del edificio.

Se hace así realidad, un anhelo del artista, “construirme un gran taller, lleno de esculturas, que al entrar se produzca una fortísima impresión de encontrarse en un mundo nuevo… A diferencia de los cuadros que están girados contra la pared o de las imágenes hechas sobre una superficie plana, las esculturas deben parecer monstruos vivientes que habitan en él”, aseguraba Miró.

Se inicia un periodo voluntario de reflexión y silencio, para retomar de nuevo la escultura en 1962, dando así comienzo a la etapa más fecunda y personal del artista, en la que toman protagonismo los materiales desechados para elevarlos al máximo nivel, bajo la irregular pátina del bronce. “Como si se tratase de una reliquia griega, etrusca o romana encontrada en un pecio. Ése era el deseo de mi padre, según me comentó: Dejar un referente de la singularidad de los objetos utilizados en sus construcciones, manteniendo el continente pero aportando un contenido simbólico y metafórico”, explica María Dolores, hija del artista.

“El artista pone en jaque, a través de sus ensamblajes poético-escultóricos, la existencia del mundo exterior. Un mundo exterior ‘cazado’ en la telaraña de sus sueños para transformarlo en algo muy distinto, que nos adentra en la realidad de nuestro propio escenario cósmico”, subraya Joan Punyet Miró, quién también explica que “los paseos cotidianos por el campo, la playa y los alrededores de su casa le nutrían de objetos y materiales insospechados”. Para el nieto del artista, la obra de su abuelo está cargada de reflexión, pero también de intuición, al ser “comprometida a la vez que lúdica, estando siempre abierta a la experimentación”.

A finales de los años sesenta se dedica intensamente a la escultura, pero abordándola de forma más libre y segura. Así, entre 1966 y 1971, crea ciento noventa y una figuras imaginarias que surgen del ensamblaje de materiales, de la transformación de objetos encontrados, y en las que tienen una gran importancia no solo los nuevos espacios de que dispone, y a los que traslada los más insólitos hallazgos, sino también las colaboraciones que establece con diversos fundidores internacionales.

“Sus talleres se fueron poblando de objetos y apoyados en las paredes, en el suelo o sobre las mesas, reposaban y esperaban las combinaciones que el azar o la reflexión indicasen el momento oportuno. La mano de Miró reaccionaba al instante”, precisa su nieto Joan Punyet. En esta misma línea, Punyet asegura que “su ojo intuitivo predecía cuáles eran los que podían ser desenmascarados, cuestionados por su espíritu surrealista, para tratar de buscar su personalidad en la cara oculta”.

En esta misma etapa, empieza a concebir piezas monumentales y abre una interesante vía con esculturas en color, tal y como se muestra en el último espacio de la exposición.

Crea figuras equilibradas en sus propias formas, poéticas, que acerca a nuestra imaginación a través de sugerentes títulos. Configura de este modo un mundo singular único, algo que llevaba años buscando.

Miró no se limita a enviar los materiales o a visitar los talleres para comprobar o seguir el estado de las obras, sino que se persona en los mismos y visualiza el procedimiento. Según su nieto, Joan Punyet Miró, “lo preparaba todo de antemano en sus talleres de Palma, donde dibujaba la presentación de los objetos que conformarían las esculturas resultantes. Poco después llegaba a la fundición con sus carpetas llenas de dibujos preparatorios, que explicaban cómo debían ser colocados todos los objetos”.

Estos trabajos comienzan a mostrarse conjuntamente con la pintura, en las grandes exposiciones internacionales de su obra. Y ya en 1972 se publica la primera monografía, Miró escultor, con texto de Jacques Dupin y fotografías de Català-Roca; un año más tarde, Maeght edita Miró sculpteur, escrita por Alain Jouffroy y Joan Teixidor, labor que concluyen con gran criterio su nieto, Emilio Fernández Miró, junto a Pilar Ortega, al editar en 2006 Joan Miró. Sculptures. Catalogue raisonné 1928-1982.

En los años finales de su producción recibe encargos de gran relevancia para ubicar esculturas en espacios públicos, algo que era totalmente de su agrado, ya que siempre buscó transcender los espacios del taller o de las salas de exposiciones para entrar a formar parte de un entorno urbano que compitiera con la naturaleza y acercarse así a un público más amplio, buscando siempre la interacción con el espectador, con el que desea establecer un diálogo poético y libre.

Pedrueca 1, 39003 Santander. +34 942 226 072

Castelló 18C, 28001 Madrid. +34 917 814 132 – 650 434 470

www.fundacionbotin.org

20 marzo, 2018

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