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Un hacha pulida, pieza del mes en el Arqueolóxico

Hacha pulida

UN HACHA PULIDA DE A MOTA PEQUENA DE MONTE ALBÁN (RAIRIZ DE VEIGA, OURENSE).

Los monumentos megalíticos de “A Mota Grande” y “A Mota Pequena” de Monte Albán, en el lugar de Sabariz, Ayuntamiento de Rairiz de Veiga, provincia de Ourense, se localizan en las laderas de la divisoria norte de la Limia Alta con el valle del Arnoia.

Esta la trazamos por las líneas de cumbres de los altos de O Furriolo (857 m), San Cibrao (912 m), Barracel (912 m), Penamarleu (814 m), altos de Casnaloba (771 m) y hasta el Monte Castelo (792 m). Las coordenadas correspondientes al datum ERS89, Huso 29, tomadas en la Mota Grande son 596688X/4661830Y y su altitud 689 m.s.n.m.

Debemos indicar que aunque hablemos de dos monumentos en este paraje, en la actualidad tan solo se localiza uno, la Mota Grande. Las veces que visitamos el lugar, la primera vez en la década de 1980, ya no pudimos identificar la Mota Pequena, de donde procede el hacha en cuestión. Las dos habían sido excavadas por Florentino Cuevillas y cuando publica los trabajos (López-Alonso Cuevillas, F., 1925: “As mámoas do concello de Rairiz”. Boletín de la Real Academia Gallega, XV. A Coruña. Pp. 235-245), el investigador escribe lo siguiente sobre la Mota Pequena: “situada a 20 metros cara ao W da anterior [da Mota Grande]. Encóntrase tan derramada e remexida que case non se erguesobre o chan. Despois de aberta non se atoparon nela máis vestixios do dolmen que poucas pedras pequenas e soltas. Debía acharse a cámara fondamente atuada, circunstancia que obrigou a a derrubar por completo a mámoa cando se tiraron as chantas do seu asento…”.

Junto con el hacha objeto de este escrito, apareció otra más pequeña, una punta de flecha de cuarzo con bordes convergentes y base de lengüeta, un pequeño vaso cerámico de factura manual y una dudosa gubia. Y decimos eso porque una observación más detallada de la pieza no permite ver la muesca característica de este tipo de herramientas. La ausencia de ese elemento y su sección asimétrica se adaptan mejor a la forma de las azuelas.

La pieza protagonista, el hacha con n.º de registro del Museo Arqueolóxico Provincial de Ourense CE000506, tiene las siguientes características: material: esquisto cuarcítico; pulido: non tiene pulimento completo, dejando libre de él la zona proximal; dimensiones: anchura = 6,7 cm, grosor = 4,7 cm, longitud = 17,1 cm; forma general: trapezoidal; sección: subrectangular; bisel: simétrico y doble convexo; aristas: curvilíneas, convergentes; talón: recto; caras: curvas, convexas; índices: IL: 3,03, IA: 0,60, IE: 0,36.

Tanto desde la arqueología como en la etnología, existen coincidencias en atribuir un filo paralelo al mango para el hacha, frente a la azuela, que actuaría de forma transversal. Así lo mantienen A. Leroi-Gourhan, A. J. Fandós J., Garanger, P. y A. M. Petrequín o, en el caso de Galicia, R. Fábregas.

El hacha en cuestión, como las otras de los mismos monumentos, tienen en común las formas trapezoidales, con anchuras relativas grandes y secciones transversales tendentes al rectángulo o al óvalo, lo que las encuadra en el Tipo II de Fandós.

No es novedad atribuir a las hachas, junto con otros elementos con funcionalidad ocasional semejante, caso de las azuelas, la participación en los intensos procesos deforestadores que se dan a partir de los inicios de la economía de producción. Porque, como ponen de manifiesto los estudios etnoarqueológicos, junto con la acción del fuego, es también necesaria la eliminación de los árboles, bien con la tala directa de los mismos, bien con la técnica del “anillado”, consistente en la supresión del tejido periférico vascular del tronco (cambium), responsable del crecimiento secundario del árbol durante toda su vida.

Unas y otras herramientas son muy comunes en el Megalitismo del noroeste. Seguramente hachas como esta, elaboradas con rocas duras y tenaces, estuvieron al servicio de las primeras técnicas agrícolas, conocidas como ignicultura o cultivo de tala y roza, denominado en otras zonas “slash-and-burn”, “shifting agriculture” o “swidden”,
que se viene considerando como la más primitiva forma de producción agraria, como a finales de la década de 1970 consideraba F. R. Vivelo. Este método de cultivo primitivo (quema y tala/sembrado/cosecha hasta agotar los nutrientes del suelo) se vino atribuyendo por numerosos investigadores a los constructores de megalitos en el noroeste Peninsular, entre otros M. L. Torras Troncoso, F. Díaz Fierros-Viqueira, J. M. Vázquez Varela, J. M. Bello Diéguez, F. Criado Boado, A. A. Rodríguez Casal, R. Fábregas Valcarce, etc., ya que la etnología y los análisis polínicos, parecen apoyar tal sistema, como también se percibe en otras zonas megalíticas de la Europa templada, entre ellas Escocia, Dinamarca o el sur de Inglaterra.

Existen trabajos palinológicos en yacimientos arqueológicos y otros lugares de la Limia o no lejos de ella, como el túmulo M2 de San Bieito (Grou, Lobios), la turbera de O Vieiro (Bande), la Illa de Pazos (Barxés, Muíños), el macizo de Peneda-Gerêz o la Laguna de Antela. Junto con otros también del noroeste peninsular, P. Ramil Rego propone una interesante periodización paleoclimática-medioambiental del Holoceno en las áreas montañosas, que a grandes rasgos estructura en dos secuencias:

-Fase Anatérmica. A su vez se divide en tres etapas: a) Inicio de la colonización arbórea (9500/8500 bp) después de la glaciación würmiense, con la expansión del Quercus, que en las sierras meridionales se detecta desde 10000/9000 bp. b) Hegemonía del bosque (8500/7000 bp), con gran desarrollo de este en valles y laderas. En la Serra do Gerês, con un óptimo del Quercus alrededor del 7500 bp, las zonas más altas las ocupa el arbolado boreal (Pinus sylvestris y Betula alba), mientras las zonas bajas acogen bosques de planocaducifolias (Quercus, Alnus, Castanea, Fraxinus, Sambucus y Salix). Se detectan ahora deforestaciones episódicas en las masas de Quercus y Corylus y el posterior incremento de herbáceas (Poecae y Ericaceae), con presencia reducida de especies sinantrópicas c) Óptimo Climático y el “Landnam” (6000 bp), con el inicio del detrimento arbóreo. La vegetación acusa la aparición de formaciones aestilignosas (Tilia, Carpinus, Fagus, Juglans, Arbutus, Pinus pinaster y Quercus ilex) y se incrementan las deforestaciones antrópicas, aunque anteriores a la aparición de la agricultura. Aproximadamente entre el 5500 y el 3500 bp crecen los episodios deforestadores en las zonas más bajas y comienzan a detectarse pólenes de cereal.

-Fase Catatérmica: a) Estepa Cultural (3500/3000 bp), con un fuerte descenso de la masa arbórea b) Recuperación Arbórea, en fechas coincidentes con el fin del Imperio Romano, si bien el bosque nunca alcanzará las extensiones ocupadas antes de la Estepa Cultural.

Esta secuencia o proceso deforestador relacionado con las actividades productivas agroganaderas parece confirmarse en estudios posteriores, como en el trabajo coordinado por J. S. Carrión en 2015 (Cinco millones de años de cambio florístico y vegetal en la Península Ibérica e Islas Baleares. Ministerio de Economía y Competitividad, Madrid. Universidad de Murcia y Fundación Séneca, Murcia. Murcia).

Pese a todo, y volviendo sobre la pieza que ahora nos ocupa, no debemos desechar que otras hachas pudieron haber tenido la función de ofrenda votiva. Es el propio Florentino Cuevillas quien advierte que una de estas herramientas encontradas en la Mota Grande, también de Monte Albán, está fabricada con una piedra muy fácil de rayar, muy blanda para poder ser usada como herramienta de corte: “Este machado, que pola febleza do material con que está fabricado, non pudo ter xamáis unha aplicación industrial…”.

Tal hipotética función, podría incluso reforzar la importancia simbólica de esa herramienta, precisamente por su importantísima función en la modificación (domesticación) del paisaje para adaptarlo a las necesidades del nuevo orden económico y cultural neolítico. Del mismo modo, a veces aparecen molinos de mano (esenciales para transformar el grano) fracturados y haciendo la función de cuñas de los ortostatos de algún megalito o formando parte de sus corazas como, entre otros, en el monumento M1 de Veiga de Requiás (Val de Salas, Muíños), también llamado “Casola do Foxo”.

Resulta atractivo considerar que unas herramientas de uso cotidiano pudieran haber sido elevadas a una categoría superior, a alcanzar un sentido simbólico que sobrepasa el funcional, por el hecho de formar parte de una construcción con una carga tan ritual como comportó el sepulcro megalítico.

MUSEO ARQUEOLÓXICO PROVINCIAL DE OURENSE
http://www.musarqourense.xunta.es/
PIEZA DEL MES
Enero 2019
José Mª Eguileta Franco

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