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Don Quijote en Cataluña. Cervantes y su obra (I)

Don Quijote en Barcelona

Don Quijote en Cataluña. Cervantes y su obra (I).

“Archivo de la cortesía, albergue de los estrangeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, vengança de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades, y en sitio y en belleza única” (Quijote II, 72)

1. Biografía del autor 
Miguel de Cervantes (Alcalá de Henares, 1547 – Madrid, 1616) vivió, siendo mozo, en diversas ciudades (Valladolid y Sevilla, entre otras), años de dolor, miseria y privaciones, hasta que su familia se asentó definitivamente en Madrid (1561), donde cursó estudios elementales. En 1569, con poco más de veinte años, viajó a la Italia renacentista, aprendió italiano y leyó a los humanistas famosos. Peleando heroicamente en la batalla de Lepanto (1571) contra los turcos, recibió una herida en la mano izquierda que le quedó inmovilizada para siempre.

La galera Sol, en que navegaba junto con su hermano Rodrigo, fue atacada por corsarios turcos cerca de las costas catalanas, motivo por el cual permaneció cinco años (1575-1580) en un baño de Argel, de donde intentó fugarse sin éxito. Rescatado al fin, tras pasar por Madrid, viaja a Lisboa, donde estaba la corte de Felipe II, y cumple una misión secreta en

Orán. De nuevo en Madrid, solicitó un empleo en las Indias, que no consiguió. En esos años tiene relaciones con una mujer que le dará una hija, Isabel, y en 1584 contrae matrimonio con Catalina Salazar, de diecinueve años, vecina de Esquivias (Toledo).

Penurias económicas le condujeron a Sevilla (1587-1600), como provisor de trigo para la “Armada Invencible” y como recaudador de impuestos. En 1690 presenta su brillante hoja de servicios a Felipe II con un memorial en el que solicita, de nuevo, un empleo en las Indias, que se le deniega. Fueron años ingratos, de procesos y cárceles, y también de viajes y ricas experiencias con todo tipo de gentes.

Hacia 1603 se traslada a Valladolid, y en 1605 aparece publicada en Madrid (1605) la primera parte del Quijote, que obtiene un clamoroso éxito, aunque el autor se vio de nuevo en la cárcel involucrado en un extraño asunto, debido al cual se confirmó la mala fama de las “Cervantas” (hija, esposa y dos hermanas).

Asentado definitivamente en Madrid desde 1606, entró a formar parte de una congregación religiosa, a la que también pertenecían Lope de Vega y Quevedo, escritores ya consagrados que no aplaudieron el Quijote. Martín de Riquer sitúa la estancia de Cervantes en Barcelona en verano de 1610, donde pudo conocer los graves problemas que afectaban a los barceloneses entonces (incursiones de los bajeles turcos y creciente bandolerismo), material que empleó en los episodios relativos a la estancia de Don Quijote y Sancho allí.

La situación económica de Cervantes debió de quedar aliviada con la protección del conde de Lemos, virrey de Nápoles, más generoso que el duque de Béjar, destinatario de la primera parte del Quijote. A su mecenas, el conde de Lemos, dedicó las Novelas ejemplares (1613) y la Segunda parte del Quijote (1615), cuyo prólogo es una réplica al autor del falso Quijote.

En 1615 aparecen también Ocho comedias y ocho entremeses nuevos, y Los trabajos de Persiles y Segismunda se publicó póstumamente en 1617, año de su fallecimiento en Madrid, el día 23 de abril, casi coincidiendo con el de Shakespeare. Murió tan pobre, que su familia no pudo costear el entierro, del cual se ocupó una congregación de que era miembro.

Cervantes no fue considerado un escritor ilustre en España, mientras que en Inglaterra el Quijote estaba alcanzando un éxito tal, que algunos escritores aluden al hidalgo manchego incluso antes de la traducción de su primera parte, en 1612. Tras traducciones de gran resonancia, en 1738 aparece en Londres la primera edición monumental, con el texto original español, y en 1781, también en Londres, se publica la primera edición crítica.

La vida de Cervantes, corre paralela a la de España en su transición del siglo XVI al XVII, bajo los reinados de Felipe II y Felipe III. Y el Quijote da una imagen completa de la sociedad de su época, estructurada en forma piramidal y fuertemente cerrada. Arriba, los reyes; abajo, labriegos, pastores, arrieros, criados y demás representantes del pueblo llano, y en el centro, distintos estamentos de la nobleza (duques, caballeros ricos, hidalgos pobres, como el propio Quijote, y escuderos). Es también un reflejo de ese paso del idealismo heroico renacentista al pesimismo barroco, así como de los valores culturales y espirituales y los conflictos político-sociales: el problema de las castas y la separación entre cristianos viejos y conversos; las guerras del exterior; el peligro turco extendido por el Mediterráneo; la expulsión de los moriscos o el bandolerismo catalán.

2. La novela española en tiempos de Cervantes.

Cervantes se formó literariamente en la segunda mitad del siglo XVI, en pleno auge del Humanismo y cultivó los géneros narrativos vigentes entonces (novela pastoril, bizantina, sentimental, picaresca y morisca). A todos divertían las astucias del protagonista de la novela picaresca para conseguir comida, porque el hambre era el gran tema, aunque gustaban también las imitaciones de la novella italiana, de amores clandestinos, intrigas, desapariciones, personajes travestidos, venganzas, muertes y casualidades inverosímiles (modelo que toma Cervantes para crear sus novelas ejemplares), aunque una popularidad comparable a los culebrones televisivos de hoy la alcanzaron las novelas de caballerías, cuyos héroes fabulosos destruyen ejércitos con sus mágicas espadas y protagonizan intensas escenas eróticas. Cervantes, héroe real de Lepanto, enfurecido por el éxito de esos relatos disparatados, decidió parodiarlos con el Quijote.

3. Miguel de Cervantes. Obra literaria 

Algunas de sus novelas y piezas teatrales contienen textos líricos que lo acreditan como poeta docto, empapado de tradición clásica e italiana. Viaje del Parnaso (1614) es un extenso poema, donde el autor enjuicia a los poetas españoles, elogiando a unos y satirizando a otros, y anota algunas experiencias autobiográficas.

La segunda mitad del siglo XVI fue el período de más auge para el teatro español. Se forman compañías, se crean corrales y los autores buscan fórmulas con que contentar a un público cada vez más numeroso, algo que resolvió Lope de Vega, de forma definitiva. Cervantes destacó con sus ocho entremeses (piezas procedentes de los pasos de Lope de Rueda), modelos del género por su sabor costumbrista y retrato admirable de las clases populares de la época, entre los que destacan: El retablo de las maravillas y La elección de los alcaldes de Daganzo.

Su primera novela fue La Galatea (1685), de género pastoril. Veinte años más tarde (años de amargas experiencias de funcionario y de cárcel en Sevilla), en 1605, publica la primera parte de Don Quijote de la Mancha, con la que consigue un éxito notable, siendo ya definitiva su fama cuando, en 1913, reúne un volumen bajo el título de Novelas ejemplares, que suelen dividirse en dos grupos: las de corte idealista y las que reflejan la realidad inmediata, de entre las cuales sobresalen: Rinconete y Cortadillo, El licenciado Vidriera y El coloquio de los perros. En 1615 aparece la Segunda parte del Quijote, y, ya en 1617, Los Trabajos de Persiles y Segismunda, una novela bizantina donde se narran las peregrinaciones y aventuras extrañas de dos enamorados jóvenes por tierras más o menos imaginarias, que acaban con un feliz reencuentro. Se la considera síntesis de toda la obra del autor.

4. El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha.

La primera parte de El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha se publicó en Madrid, en 1605, y conoció cinco reimpresiones ese mismo año, siendo pronto traducida al francés y al inglés. La segunda parte, El ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha, es de 1615. Desde entonces prosiguen las ediciones y las traducciones, y hoy se lee en las principales lenguas del mundo.

En el prólogo, Cervantes desveló su propósito: “No ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías”, por razones morales (enseñaban obscenidades), lógicas (describían absurdos) y estilísticas (estaban pésimamente escritos), y también porque apasionaban a todo tipo de gentes y las distraían de sus obligaciones.

La locura de Don Quijote evoluciona en tres fases principales, correspondientes a sus tres salidas. La primera parte (1605) relata las dos primeras salidas por tierras de la Mancha y Andalucía. El peregrinaje por tierras de Aragón y Cataluña hasta Barcelona y su regreso a la Mancha ocupa toda la segunda parte (1615).

4.1. Argumento y Estructura.

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha apareció en 1605 dividido en cuatro partes, distribuciones, que las ediciones modernas no mantienen por prestarse a confusión con el segundo tomo, que, con el título de El ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha, apareció en 1615.

4.1.1. Primera salida (1-5): Don Quijote desfigura la realidad y la acomoda a sus fantasías

El hidalgo manchego Don Alonso Quijano, llamado por sus convecinos el Bueno, “se enfrascó tanto en su lectura” que, “rematado ya su juicio” concibe la peregrina idea de hacerse caballero andante, y de “ejercitarse en todo aquello que él había leído que los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo género de agravio, y poniéndose en ocasiones y peligros donde, acabándolos, cobrase eterno nombre y fama” con que mereciera el amor de su dama, Aldonza – Dulcinea, una aldeana idealizada por él.

Bajo el nombre de Don Quijote de la Mancha, con armas antiguas y su viejo caballo, Rocinante, se lanza al mundo haciéndose armar caballero en una venta que imagina ser castillo, entre las burlas del ventero y las de las mozas del mesón. Creyéndose ya un auténtico caballero, realiza su primera hazaña liberando a un joven pastor a quien su amo está azotando. Tras una discusión acalorada con unos mercaderes, de la que resulta malherido, un vecino lo auxilia y lo devuelve a su aldea.

4.1.2. Segunda salida (7-52): Don Quijote desfigura la realidad y los demás le contradicen 
Ama, sobrina, cura y barbero han pegado fuego a buena parte de los libros de Don Quijote y tapiado su biblioteca, mientras él se halla convaleciente en su lecho. Ya repuesto, convence a un rudo y ambicioso labrador vecino suyo, Sancho Panza, para que le acompañe en sus aventuras. Ya con su escudero, lucha contra unos gigantes que no son sino molinos de viento; se enfrenta con un vizcaíno, al que vence; da libertad a unos galeotes perseguidos por la Santa

Hermandad, que, ingratos, le apedrean; hace penitencia en Sierra Morena, donde escribe una carta a Dulcinea; envía a Sancho al Toboso para que se la entregue; el canónigo y el barbero de su aldea han salido a buscarle; encuentran a Sancho y le impiden cumplir con el encargo de su amo; hallan a Don Quijote y lo devuelven, engañado, a su pueblo, metido en una jaula, dentro de la cual sufre pacientemente la burla de sus vecinos.

4.1.3. Tercera salida: Segunda parte (1615): Don Quijote no es víctima de su fantasía: ahora le engañan los demás 
Don Quijote y Sancho inician la tercera salida, encaminándose al Toboso, Donde el escudero asegura a su amo que una rústica aldeana montada en un asno es Dulcinea, hecho extraordinario que Don Quijote atribuye a un mago enemigo suyo (el mismo que hizo desaparecer su biblioteca y transformó los molinos de viento en gigantes). Su obsesión será, a partir de ahora, encontrar el medio de desencantarla. Caminando por tierras de Aragón, ya famosos como personajes literarios, llegan a los dominios de unos duques que se burlan despiadadamente de la locura de ambos, hasta el punto de nombrar a Sancho gobernador de uno de sus estados (la ínsula Barataria), cargo que abandonará por razones extraordinariamente juiciosas.

Nuevamente juntos caballero y escudero, para desmentir al falso Quijote de Avellaneda, cambian de itinerario y se dirigen a la ciudad condal, donde el hidalgo sufre su derrota definitiva luchando en fiera y descomunal batalla contra el Caballero de la Blanca Luna, que no es otro que su vecino, el bachiller Sansón Carrasco, quien le impone como condición regresar a su aldea. Física y moralmente derrotado, Quijote vuelve a la Mancha, de donde partió y, después de haber recobrado la cordura, muere cristianamente en su lecho.

4.2. Don Quijote en Barcelona (Segunda parte. Capítulos LXI-LXV)

4.2.1. Introducción (LIX y LX) 
Tras su larga y ajetreada estancia con los duques (II, 30-57), Don Quijote y Sancho llegan a una venta donde unos caballeros están leyendo fragmentos del Quijote que un tal Avellaneda había publicado en 1614, cuya falsedad y disparates indignan tanto al hidalgo que cambia su rumbo con el único objetivo de desmentirle: “no pondré los pies en Zaragoza, y así sacaré a la plaza del mundo la mentira dese historiador moderno, y echarán de ver las gentes cómo yo no soy el Don Quijote que él dice”.

Tras seis días de viaje, adentrándose en un bosque, de cuyos árboles cuelgan piernas humanas, Don Quijote tranquiliza a su asustado escudero con argumentos que revelan un conocimiento certero de uno de los más graves problemas de la Cataluña de la época: “estos pies y piernas que tientas y no vees, sin duda son de algunos forajidos y bandoleros que en estos árboles están ahorcados; que por aquí los suele ahorcar la justicia cuando los coge (…) por donde me doy a entender que debo de estar cerca de Barcelona”. En cuanto amanece, se abalanzan sobre ellos bandoleros reales “diciéndoles en lengua catalana que se estuviesen quedos, y se detuviesen, hasta que llegase su capitán (…) el cual mostró ser de hasta edad de treinta y cuatro años, robusto, más que de mediana proporción, de mirar grave y color morena”, más compasivo que riguroso.

“¡Oh valeroso Roque, cuya fama no hay límites en la tierra que la encierren!” es la frase de admiración que emite Don Quijote ante un célebre y temido bandolero, contrafigura literaria de Roca Guinarda, hijo de unos acomodados propietarios rurales vigitanos. Cervantes hace del célebre bandolero Roque Guinart una versión actualizada del caballero andante medieval, que eclipsa a Don Quijote, cada vez más espectador que protagonista. Roque es culto (escribe salvoconductos y parece haber leído la primera parte del Quijote porque conoce las aventuras de los protagonistas), valiente, noble y su sed de venganza proviene de un agravio no resarcido.

Ayuda a Don Quijote y a Claudia Jerónima, doncella atribulada y desvalida; reparte equitativamente el botín entre sus “escuderos”; es leal con sus amigos (quiere que los nyerros se solacen con las locuras del hidalgo y de su escudero), liberal con los cautivos y firme con quien se atreve a cuestionar sus decisiones. El paralelismo entre caballero andante y bandolero resulta evidente cuando Don Quijote, al comienzo del capítulo LXI, admira la vida arriesgada del cabecilla y sus secuaces, siempre al acecho y huyendo de la justicia (recordemos que Don Quijote ha sido perseguido por la santa Hermandad tras haber liberado a los galeotes, y que todos le engañan impidiéndole realizar sus sueños).

4.2.2. Nudo (caps. LI-LXIV) 
Custodiados por el propio Roque, fugitivo de la justicia, y seis de los suyos, Don Quijote y Sancho llegan de noche a la playa de Barcelona, extramuros de la ciudad, Donde el famoso bandolero se despide de ambos. Volvemos, como en casa de los duques, a un escenario teatral en el que la realidad aparece deformada por quienes pretenden burlarse del héroe.

Al amanecer, caballero y escudero divisan el mar, antes nunca visto, y unas galeras con llamativos banderines, desde donde se oyen acordes de instrumentos militares procedentes de las murallas y fuertes. Llegan de la ciudad caballeros vestidos de librea, montados en hermosos caballos. Agasajados como si de personajes egregios se tratara, uno de esos caballeros amigos de Roque les invita a acompañarles. Entrando en la ciudad, los mozalbetes traviesos se burlan de tan ridículos personajes consiguiendo con sus tretas hacerles caer al suelo. Don Antonio Moreno, el rico anfitrión, cuyo objetivo es divertirse a costa de sus huéspedes, les insta a seguirle hasta su rica mansión y a salir a un balcón “que da a una calle principal” para que los muchachos “que como a mona le miraban” sigan divirtiéndose. Sancho, tan ajeno a la realidad como su amo, cree hallarse en otra casa como la de Don Diego de Miranda (II, 16-18), en otras bodas de Camacho (II, 19-21), y en otro castillo del duque (II, 30-57).

Durante la comida conversan sobre anécdotas del apócrifo Quijote y sobre la experiencia de Sancho como gobernador de la ínsula Barataria. Don Antonio conduce a Don Quijote a un apartado aposento para hacerle creer que una cabeza de bronce sostenida por un pie de jaspe responde atinadamente a cuanto se le pregunta. Después, por la tarde, sacan a pasear a Don Quijote, sin Sancho, ridículamente abrigado y, para mayor escarnio, habiéndole cosido en la espalda un llamativo letrero donde se lee: “Este es Don Quijote de la Mancha”. Al verle, muchos hacen comentarios elogiosos, pero un castellano le echa en cara su locura y la de quienes le siguen el juego.

Aquella noche, la esposa de Don Antonio y unas amigas organizan un baile, con el propósito de divertirse a costa de un Don Quijote “largo, tendido, flaco, amarillo, estrecho en el vestido, desairado, y sobre todo, no nada ligero”, a quien requiebran inútilmente, porque él se mantiene fiel a “la sin par Dulcinea del Toboso”, aunque, de tanto danzar, acaba molido en el suelo, hasta que Sancho le conduce al lecho.

Siguen las burlas con el episodio de la cabeza parlante, que da respuestas de “Pero Grullo” a cuanto se le formula. Cervantes, siguiendo a Cide Hamete Benengeli, explica que la cabeza no es sino un artilugio que Don Antonio encargó fabricar “para entretenerse y suspender a los ignorantes” y que los inquisidores mandaron deshacer, porque la adivinación se consideraba fruto de un pacto demoníaco (véase el volumen complementario a la edición del Quijote dirigida por F. Rico, pág. 223).

Paseando Don Quijote y Sancho por la ciudad, a pie, junto con dos criados de Don Antonio, llegan a una imprenta, donde el hidalgo, que no había visitado otra antes, mantiene un interesante diálogo con un traductor sobre “el arte de traducir” y arremete contra la segunda parte del Quijote apócrifo, que allí se estaba corrigiendo para una segunda edición, que no salió hasta 1732.

Don Antonio decide que en la tarde de aquel mismo día Don Quijote y Sancho visiten las galeras de la playa. Les recibe el comandante y la chusma (galeotes y demás marinería), con música, cañonazos y las ceremonias propias de los grandes acontecimientos. De repente, desde Montjuïc perciben señales de alarma, al haberse descubierto un bergantín turco próximo a la costa, circunstancia que coloca a Don Quijote ante una guerra y unos enemigos auténticos, precisamente aquellos contra los cuales habían luchado los héroes caballerescos de ficción.

En esa escaramuza nada libresca Don Quijote oye por primera vez en su vida los disparos de escopeta que lanzan los turcos desde el bergantín, capturado enseguida por las galeras españolas, y que causan la muerte de dos soldados españoles. El arraéz, atadas las manos y condenado a la horca, resulta ser una hermosa doncella cristiana, Ana Félix, hija de un morisco renegado.

4.2.3. Desenlace (caps. LXIV y LXV) 
Don Quijote se ofrece a rescatar de Argel con sus armas y caballo, “como había hecho Don Gaiferos con su esposa Melisendra”, a Don Gregorio, caballero enamorado de Ana Félix, pero, al tratarse de un asunto importante y arriesgado, no le toman demasiado en serio.

“Y una mañana, saliendo Don Quijote a pasearse por la playa armado de todas sus armas (…) vio venir hacia él un caballero, armado asimismo de punta en blanco, que en el escudo traía pintada una luna resplandeciente”, el cual, tras identificarse como el caballero de la Blanca Luna, desafía a Don Quijote, asegurando que su dama es más hermosa que Dulcinea e imponiendo como condición, en el supuesto de salir vencedor, que, dejando aquél las armas y absteniéndose de buscar aventuras, se retire a su aldea durante un año, donde vivirá en paz.

Don Antonio y el virrey, que les habían divisado desde la ciudad, salen a la playa acompañados de otros muchos caballeros. Convencido el virrey de que se trata de otra burla preparada contra Don Quijote, da su licencia para el duelo, que rápidamente se resuelve a favor del caballero de la Blanca Luna, el cual exige al derrotado hidalgo que acepte las condiciones del desafío. Quijote le pide que le quite la vida, ya que la ha quitado la honra, pero el vencedor reclama lo pactado. Sancho ayuda a su maltrecho señor a montar en una silla de mano con la que entra en la ciudad, adonde también se dirigen el virrey y el gobernador, deseosos de averiguar quién es el Caballero de la Blanca Luna.

Estando el derrotado hidalgo recuperándose en el lecho y siendo atendido por Sancho, llega la noticia de que Don Gregorio se halla ya en Barcelona, deseoso de reunirse con su amada. Don Quijote, desarmado y vestido de camino, con Sancho, a pie “por ir el rucio cargado con las armas”, salen de Barcelona, de regreso a la Mancha.

 

Autora: María Dolores Cano Menéndez

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