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La antigua fachada marítima de Barcelona (II)

(c) Autora: Mª Mercè Riera i Arnijas

A partir de la plaza del Duque de Medinaceli la calle lleva el nombre de Carrer Ample y nos conducirá hacia otra plaza, la de la Mercè.
En esta misma calle ya delante de la plaza (núm. 11) podemos ver el edificio que albergó la sede de la Societat del Crèdit Mercantil el 1900, una construcción de Joan Martorell y que recibió uno de los primeros premios que el ayuntamiento instituyó para los mejores edificios. Construido entre el 1896 y 1900, es un ejemplo de la corriente más academicista de finales del siglo XIX al margen del modernismo. Se trata de una composición monumental con elementos del neoclásico barcelonés que se destaca por la calidad de los acabados y por el trabajo de la piedra. El 1930 fue adquirido por la Cambra Oficial de Comerç, Indústria i Navegació, reformando los interiores. Actualmente, junto al edificio contiguo (núm. 13) construido en 1853 y con un alzado que superpone el orden dórico (primera y segunda planta) y el jónico (tercera planta), se ha convertido en la escuela de diseño Elisava.
Frente a esta escuela, otro edificio importante, la mansión de los Rocamora, renovada por los arquitectos Josep Benedito y Jaume Llobet en 1993 y que alberga el rectorado de la Universitat Pompeu Fabra.
El espacio que ocupa hoy la plaza es una urbanización del año 1982, a raíz del derribado una manzana entera de casas, diseñada por Rafael Cáceres. En ella encontramos la Fuente de Neptuno, fuente del año 1826 que se encontraba originalmente en el muelle de pescadores del puerto. La estatua del dios es obra de Adrià Ferran y las esfinges y los motivos alegóricos fueron realizados por Celdoni Guixà. El 1929 la fuente se trasladó a los jardines de Montjuïc hasta el 1975, cuando fue desmontada para la construcción de la Fundació Miró. El 1983 fue inaugurada en su último emplazamiento, la plaza de la Mercè. Junto a ella, la parte trasera de la residencia dels Condes de Santa Coloma. La plaza debe su nombre a la iglesia que en ella se encuentra, la Basílica de la Mare de Déu de la Mercè y a su contiguo convento, hoy sede de la Capitanía General.

Imagen de Nostra Senyora
de la Mercè

Según la tradición, el 2 de agosto de 1218 la Verge de la Mercè apareció en sueños a Pedro Nolasco, Ramón de Penyafort y Jaume I quienes fundaron días más tarde la Orden de la Mercè con la intención de rescatar los cautivos en poder de los musulmanes.
El 1218 el rey Jaume I dio a la orden el hospital de Santa Eulàlia, hoy Pia Almoina, para que lo utilizase como primer convento. El 1232 gracias a una donación particular en los terrenos donde nos encontramos, se empieza a edificar un nuevo hospital y convento.
El 1267 se acabarían las obras del primer templo de estilo gótico.
En 1401 el rey Martí l’Humà, concede a la iglesia el título de capilla real.
El 25 de setiembre de 1687 el Consell de Cent, consejo municipal de la ciudad de origen medieval, proclama la Mare de Déu de la Mercè como patrona de la ciudad.
El 1765 se empieza a construir el templo actual, un proyecto del arquitecto Josep Mas d’Ordal (o Dordal), autor también de la parroquia de Sant Vicenç de Sarrià, la iglesia del municipio de Arenys de Mar o el Palau Moja, situado en las Rambles. Sobre una planta de cruz latina, se abren cuatro capillas a cada lado y sobre el crucero se levanta la cúpula. Considerada durante mucho tiempo como un edificio neoclásico, ha resultado ser uno de los pocos ejemplos de iglesias barrocas de la ciudad con planta que sigue el modelo de la contrarreforma, junto con la de Sant Miquel del Port, en el barrio de la Barceloneta. Su fachada plantea un juego combinatorio entre un frontal plano y muros curvados, enriquecidos con ornamentos escultóricos de Carles Grau.
En el 1868 fue destruida la iglesia parroquial de Sant Miquel, al lado del ayuntamiento. La puerta renacentista de ésta, del 1516 y atribuida a Pere Mateu y Gabriel Pellicer con esculturas de René Ducloux,  fue desmontada y vuelta a construir en la puerta lateral de la basílica de la Mercè que daba a la calle Ample en los años 1870 y 1872.
El 1888 se inauguraba la nueva cúpula, obra de Joan Martorell con una  escultura de la Virgen de bronce de Maximí Sala que coronaba el edificio.
En el 1936 sufre varios incendios y acabada la Guerra Civil se inicia la restauración de la iglesia con la ayuda de los capitanes generales, ahora inquilinos del vecino convento.
En el 1956 queda restituido el camarín, que albergaba una talla de la Virgen del siglo XIV que ha sido atribuida a Pere Moragues, y una nueva imagen de ésta se sitúa encima de la cúpula, obra de los hermanos Miquel y Llucià Oslé. En las pechinas de la cúpula, los arcos del presbiterio, la vuelta de la nave y el nuevo transepto encontramos pinturas de Josep Obiols, Pau Macià y Oriol Sunyer.

A la derecha de la basílica se levanta el que fue el convento de los mercedarios. Construido entre el 1605 y 1653, obra del arquitecto Jeroni Santacana, actualmente sólo se conserva en estado original el claustro de columnas con pilastras en los ángulos de Jaume Granger con un notable conjunto de baldosas de Valencia, original de Llorenç Passoles.
En el 1809 con la entrada de las tropas francesas se convierte en cuartel y luego en prisión.

Claustro del Convento de la Mercè.
Actual Capitanía General

Después de la ley de Desamortización vuelve su función de cuartel y casino militar hasta que en 1846, con motivo del viaje de Isabel II a Barcelona, los capitanes generales abandonan el palacio situado en el Pla de Palau, y lo transforman en la residencia de los capitanes generales. Las obras corren a cargo de José de Aizpurúa. Se encargan a Josep Bover Mas, seis bustos de virreyes y capitanes para decorar la fachada marítima así como varios relieves de terracota. Hoy restaurados los bustos se encuentran en el claustro y los relieves en el vestíbulo de entrada de la calle de la Mercè.

Su última transformación corrió a cargo de Adolf Florensa quién entre 1926 y 1929 cambió la fachada y decoró los salones interiores con suntuosidad.
La fachada principal fue decorada en el 1846 con tribunas de madera y relieves. Donde hoy se encuentra el balcón principal había la puerta de entrada, que gracias a un puente con escaleras conducía a la parte superior de la Muralla de Mar. Esta fachada fue sustituida en el 1928 por la que vemos hoy, con una decoración colosalista de estilo clásico que la divide en tres partes superpuestas y separadas por cornisas. Tiene también tres cuerpos más destacados que conforman en los extremos las dos torres y en el centro la puerta de entrada.
De la fachada que da a la basílica de la Mercè destaca la puerta y la superior balaustrada hecha en mármoles de diferentes colores.

El claustro construido íntegramente en mármol, tiene cuatro arcos de medio punto a cada lado con columnas de orden toscano, mientras que los arcos se duplican en número en el primer piso, aquí con columnas dóricas y balaustrada de piedra. En la parte baja unos arrimadero de cerámica donde se representaban escenas de la conquista de Mallorca por Jaume I y otras de la vida de la Virgen. Sólo se conserva un plafón de estas cerámicas en el Museu de Ceràmica de Martorell en el que aparece un paisaje de fondo de Barcelona y la aparición de la Virgen a los tres fundadores de la Orden. La cerámica actual de 1929 reproduce las armas personales de los priores de la Mercè, de los virreyes y de los capitanes generales de Catalunya. Los colores, flores, animales, así como la disposición decorativa pretenden parecerse a los originales utilizados por Llorenç Passoles. Los actuales son obra de Ismael-Aureli Mundina.
En el centro del claustro se encuentra una fuente con un obelisco rematado por una flor de lis que sostiene cuatro farolas.
El interior del edificio se divide hoy en un espacio público entorno del claustro y en uno de privado, centrado entorno a otro patio conocido como el jardín andaluz. En el primer piso se encuentra el salón del Trono con una decoración pictórica de Lluís Rigalt, un comedor de gala y la vivienda del capitán general. En el segundo piso se hallan la oficinas del Estado Mayor, reformadas el 1962 y en el último la Compañía de destinos del Cuartel General, el Centro Regional de Informática, el Centro de Transmisiones, el despacho del Comandante Gobernador y la Biblioteca Regional que cuenta con más de 13.000 volúmenes.
Si continuamos nuestro recorrido por la calle Ample podremos ver algunos ejemplos de viviendas de la clase acomodada barcelonesa. En el núm. 24, una casa de estilo romántico con esgrafiados tardíos en la fachada; el núm. 27 también nos ofrece la suntuosidad de estos edificios.
Al llegar al núm. 28, hoy convertido en escuela de los padres escolapios, veremos el palacio del duque de Sessa, un palacio con mucha historia. Antiguamente fue residencia del duque de Soma quien alojó en él a los reyes de Bohemia-Hungría. También pasó unos días en él en 1529 el emperador Carlos V. La propiedad se vendió al marqués de Caldes de Montbui y finalmente el duque de Sessa lo reconstruyó entre 1772 y 1778 al estilo neoclásico. Al año siguiente fue vendido al banquero Joan A. Larrard quien continuó las obras dándole un estilo barroco de carácter francés. Las esculturas de la fachada son obra de Carles Grau y las decoraciones de Ramon Amadeu y Manuel Tramulles.
Se trata de un edificio de planta rectangular distribuido a partir de un patio central, con una escalinata. Se accede a él por un vestíbulo cubierta por tres arcos de piedra. En el portal vemos dos columnas corintias estriadas con contrapilastras en relieves que aguantan la base del balcón. El balcón del primer piso se enmarca por la forma de un edículo con relieves de flores y hojas.
Casi delante de este palacio encontramos otro, el palacio Mornau, propiedad de Josep Francesc de Mornau. De estilo neoclásico fue edificado en 1797 y reformado en clave modernista el 1908 por el arquitecto Manuel J. Raspall por encargo de sus nuevos propietarios, la familia Nadal. De esta última reforma son el vestíbulo, el interior totalmente modernista donde predomina la temática floral y en el exterior los hierros en las barandillas y la tribuna del piso noble.
Volvemos otra vez hacia el Paseo Colón donde podremos observar otros tres edificios. En el núm. 6 se encuentra un palacio renacentista, de finales del siglo XVI o principios del XVII. Conserva en la planta baja tres arcos con dovelas y una fachada en piedra con grandes balcones en el piso principal. Hoy acoge la sede de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE).
En el núm. 2, la llamada Casa Cervantes. Construcción del siglo XVI que sólo conserva de ésta época los dinteles esculpidos del tercer y cuarto piso. Su nombre se debe a que una tradición popular la señala como el sitio donde se alojó Cervantes en su viaje a Barcelona. El edificio fue rehecho en 1945 por el arquitecto municipal Adolf Florensa.
Finalmente en el núm. 1, una casa dels siglo XVIII, ornamentada con esgrafiados estilo rococó. Fueron restaurados por el ayuntamiento, reproduciendo algunos elementos de la construcción original.
Esta casa nos conduce a la que fue la plaza dedicada a Sant Sebastià, hoy dedicada a Antonio López, aparecida después de que en el 1910 se derruyera el convento de Sant Sebastià, una obra de arquitectos italianos del siglo XVIII y que llegaba hasta la Llotja. Hoy se divide en dos partes, separadas por la Via Laietana,  la gran entrada al edificio de Correos y Telégrafos y la explanada que precede al edificio de la Llotja.
Antes de continuar la visita, si dirigimos la vista hacia el mar nos sorprenderá una gran escultura, llamada Barcelona Head. Se trata de una obra construida a partir de ocho piezas prefabricadas de hormigón y revestidas con cerámica de colores, configurando la cara de una mujer. Fue realizada en 1992 por el neoyorquino Roy Lichtenstein, uno de los representantes del pop-art americano, estilo que resulta de adaptar imágenes y formas del arte publicitario y comercial.
El edificio de Correos y Telégrafos es obra de Josep Goday y Jaume Torras, construido entre 1926 y 1929 coincidiendo con la finalización de las obras de la Via Laietana. La obra se levantó sobre unos terrenos de Josep Collasso y Gil, gran propietario de la ciudad que ostentó el cargo de alcalde, cerrando el ciclo de obras para la construcción de esta nueva vía. Edificio monumental y de poco atractivo, es representativo del estilo noucentista catalán. En la fachada destaca el pórtico con cuatro columnas rematadas por esculturas de Manuel Fuxà y la torre en el extremo derecho. En su interior destaca la gran claraboya y las pinturas noucentistas de Josep Galí, Francesc Labarta, Josep Obiols y Francesc Canyelles.
La Via Laietana fue un proyecto de Àngel Baixeras para poder conectar el nuevo ensanche con el puerto. Su apertura se inicia en el año 1907, fruto de un convenio entre el Ayuntamiento y el Banco Hispano Colonial. La desaparición de importante patrimonio en la obertura de la nueva calle levantó numerosas protestas.
En la otra esquina de la Via Laietana se encuentra la que fue sede de la compañía Trasmediterránea, fundada en la ciudad el 1916. Edificio de estilo ecléctico es obra de Juli M. Fossas del año 1921 y destacan en él las torres exteriores y como veíamos en el edificio de Correos, una inmensa claraboya interior. Actualmente alberga los juzgados de primera instancia.
Justo delante, el monumento inaugurado en 1884 en la antigua plaza de Sant Sebastià, a Antonio López, primer marqués de Comillas. Su monumento representaba el poder de la alta burguesía industrial y comercial que había hecho fortuna en América.
Josep Oriol Mestres es el autor del proyecto, adoptando la tipología de estatua de pie situada encima de un pedestal y decorada con relieves alusivos a la vida del personaje. Venanci Vallmitjana hizo la figura y Lluís Puiggener, Roig Solé, Nobas y Pagès Serratosa los relieves.

Edificio de la Llotja.
Interior

 

Edificio de la Llotja. Exterior

Enfrente, el edificio de la Llotja. La primera construcción tuvo lugar entre el 1380 y 1387, bajo el reinado de Pere III por el maestro de obras Pere Arvey, como sede permanente de las transacciones comerciales. La gran sala gótica de contrataciones constaba de una planta rectangular con dos filas de tres arcos diafragmáticos de medio punto. Los arcos sustentaban una cubierta plana de madera, dando la sensación de un gran espacio único.

En el siglo XV la Duana y el Consolat de Mar se integraron al edificio con una ampliación. El edificio actual es fruto de una remodelación de Joan Soler y Faneca entre 1774 y 1802. Debajo de un revestimiento clásico, Soler y Faneca respetó la sala gótica, hoy integrada al edificio. 

 

23 agosto, 2018

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