Amuleto con monedas, pieza del mes en el MUSEO ARQUEOLÓXICO
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Amuleto con monedas, pieza del mes

AMULETO CON MONEDAS. CONJUNTO ARQUEOLÓGICO-NATURAL DE SANTOMÉ. Pieza del mes de Diciembre. Xulio Rodríguez González.

La moneda constituye un extraordinario medio de comunicación y difusión de mensajes, siendo por lo tanto, una fuente esencial para la reconstrucción histórica, por tratarse de un documento primario, oficial, situado en el tiempo y en el espacio, al tiempo que comprende amplios campos de estudio que van más allá de lo exclusivamente político-económico, para introducirse en lo social, cultural, ideológico, geográfico, artístico, etc. Su uso, como tendremos ocasión de comprobar, no se limita única y exclusivamente a ser un mero instrumento de cambio en las transacciones económicas, pues el fin con el que un Estado acuña una moneda a veces no coincide con el uso que la comunidad le va a dar. Además, la moneda tiene una gran abundancia de significados, pues se enriquece con otras muchas lecturas transversales, como el valor ritual, religioso y de protección, que se hace patente tanto por el lugar del hallazgo, espacios de culto y necrópolis, como por las manipulaciones que puede sufrir para convertirse en amuleto o talismán.

Existe un evidente silencio en las fuentes clásicas relativo al uso de la moneda en el mundo romano con un significado ritual-amulético, pues poco se sabe más allá de las referencias de Plinio, relativas al triens aereus de la familia de los Servilli, considerándose que su fortuna estaba relacionada con dicho triens, pues al parecer, entre algunos pueblos bárbaros las monedas de oro y plata de los emperadores romanos eran consideradas como potentes amuletos. No obstante, parece claro, y así lo pone de manifiesto, tanto la comparación con prácticas bien conocidas en otros contextos culturales, como la documentación arqueológica, que la moneda asumió estos valores y propósitos como demuestra su presencia en los cimientos de los edificios, en los enterramientos, en los lugares de aguas salutíferas, bajo el astil de las embarcaciones, en los sonajeros de los niños, etc.

Las monedas per se tienen propiedades protectoras que le son conferidas tanto por la forma como por la materia en la que están realizadas. Su estructura redondeada, en referencia al círculo, las convierte en un símbolo defensor, presente en todas las culturas, por la creencia de que los espíritus malignos no podían penetrar en un objeto redondo. El hecho de estar acuñadas en metal, refuerza esa función protectora, pues son bien conocidas las propiedades de los metales por su singularidad y pureza, y su utilización en el mundo romano junto con las piedras para la confección de amuletos; también su poder curador resulta evidente, como pone de manifiesto la frase de Plinio: Metalla aeris multis instruunt medicam, sin olvidar que una de las imágenes más próximas a la moneda es la del éxito material, garantía de riqueza.

Todas estas singularidades hacen de la pieza que presentamos, procedente del Conjunto Arqueológico-Natural de Santomé (Ourense), un documento excepcional, de múltiples significados.

Aparece formada por dos pequeñas placas de plata, con una perforación circular en uno de sus extremos, que protegen en su interior dos monedas.

Un denario de Marco Aurelio (161-180) y una 1/2 siliqua de Honorio (393- 421).

Denario
Anverso: M. ANTONINUS AUG(….). Busto barbado a la derecha.
Reverso: T.R.P. XVII (….). Figura femenina de pie a la izquierda.

1/2 siliqua
Anverso: DN. HONORIRI-US. PF. AUG. Busto con diadema y coraza.
Reverso: VICTOR-IAAUGG. Roma sentada con cetro y Victoria.

En la necrópolis de Chassagne, en Lezoux, departamento de Puy- de – Dôme, se documentó una pieza muy semejante a la que nosotros presentamos, que formó parte de la exposición Embrujada. Magia y brujería en la Antigüedad, que tuvo lugar en el museo Anne-de-Beaujeu, en Moulins. En este caso, se trata de una pequeña lámina de plomo dorada sobre una moneda de Trajano, con dos agujeros de suspensión para poder ser colgada. El texto que lleva grabado en sus dos caras internas sugiere un destino médico o profiláctico contra la impotencia y la infertilidad. La moneda que guarda en su interior presenta en el anverso el busto de Trajano y en el reverso las figuras alegóricas de la Victoria y la Gloria.

En el mundo romano la moneda está considerada como un importante instrumento de representación del poder, por la asociación iconográfica del poder político, personificado en la figura del emperador del anverso, y del poder religioso, encarnado en el reverso por medio de las diferentes divinidades. Cuando pasa a ser utilizada con una función mágico-amulética se produce un reforzamiento de los valores simbólicos propios, tanto por los poderes taumatúrgicos derivados de los emperadores, como por la fuerza protectora de los mismos dioses, en ese intricado laberinto de correlaciones que se establecen en el mundo antiguo entre poder, religión y magia.

Parece indiscutible que las monedas empleadas para estos nuevos cometidos son ejemplares emitidos durante los reinados de emperadores prestigiosos, como el caso que nos ocupa, correspondiente a Marco Aurelio, conocido como el filósofo, e que a pesar del conflicto con los partos y en el Limes Germanicus, proporcionó un período de gran prosperidad para el Imperio, o Trajano que aparece en el amuleto de Lezoux. Por otro lado, da la impresión de que el reverso de estas monedas, no está escogido de forma aleatoria, pues se da la coincidencia de que mayoritariamente se representan imágenes femeninas, que resultan claves para la representación de las virtudes, tales como la felicidad, concordia, victoria, fortuna o salud, reforzando así el mensaje por medio del lenguaje.

En lo que respecta al ámbito cronológico de fabricación de este tipo de amuletos monetarios, se vienen datando en un período comprendido entre el siglo II y IV d. C., por los análisis de las características iconográficas, epigráficas y contextos arqueológicos. En el caso concreto de Santomé, contamos con elementos suficientes para poder situar su confección en un momento comprendido entre finales del siglo IV y el primer cuarto del V d. C., coincidente con el momento de abandono del poblado tardorromano, bien documentado tanto por lo numerario como por otros fósiles arqueológicos de cronología precisa. La presencia de la 1/2 siliqua de Honorio en la elaboración del amuleto nos está proporcionando una fecha post quem, subrayando la coincidencia con los momentos finales de este asentamiento. La otra moneda que forma parte del amuleto, el denario de Marco Aurelio, con más de dos siglos de diferencia en su acuñación, en relación a la de Honorio, no hace más que reforzar los valores simbólicos y profilácticos de las monedas antiguas utilizadas como amuletos o talismanes. A pesar de que a menudo, amuleto y talismán, se acostumbran a emplear indistintamente y con un mismo significado, sus funciones no se corresponden exactamente, pues mientras que el amuleto sirve para proteger del mal, apartar de los peligros y adversidades, el talismán tiene poderes propiciatorios, que le confieren privilegios mágicos activos a su portador. Por lo que se puede concluir que un talismán es un amuleto activo.

Independientemente de su uso como amuleto o talismán, parece lógico pensar que este tipo de objetos debieron de ser utilizados a modo de strenae, regalo que con ocasión de las Kalendae Ianuarie realizaban los romanos, con un valor alegórico, para desear bonum omen, buen augurio, y riqueza material para el próximo año. Tampoco su significado debía de estar muy lejos de la bulla, cápsula realizada en metal o en cuero, que se llevaba colgada del cuello, encerrando en su interior elementos que protegían contra el mal de ojo o fascinium, que de alguna forma tuvieron su continuidad en la conocida como “bolsa de los atavíos”, conteniendo dientes de ajo y otros objetos contra todo tipo de hechizos, y que forma parte del rico acervo cultural de la magia y de la superstición del pueblo gallego.

En un contexto semejante, aunque con una vertiente más lúdica, se encuentran los crepundia, en especial el crepitaculum puerile, especie de sonajero de cascabeles.

La pieza examinada, junto con el ara dedicada a la diosa Tutela, un amuleto de bronce con una figa y dos pequeñas bullae de bronce, viene a completar la visión de la religión y de la superstición de los habitantes del Conjunto Arqueológico-Natural de Santomé en su devenir histórico.

MUSEO ARQUEOLÓXICO PROVINCIAL DE OURENSE
http://www.musarqourense.xunta.es/

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