El tránsito de la cultura antigua a la medieval.La época sincrética
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El tránsito de la cultura antigua a la medieval (III)

Autor: Miguel Larrañaga Zulueta

3. LA ÉPOCA SINCRÉTICA Y LOS PRIMEROS RENACIMIENTOS.

3.1. Sincretismo: Definición.

 Cuando hablamos de la época sincrética y de los primeros renacimientos nos referimos, fundamentalmente, a la segunda mitad del siglo V y al siglo VI, alargándolo al siglo VII en el ocaso del reino visigodo de Toledo. El concepto de “sincretismo” hace alusión a la fusión de tres culturas, muy diferentes en sus orígenes y concepciones:
 1. La antigua, romana y, a través de ella, la griega.
 2. La bárbara, de los pueblos germánicos, que irrumpe en las postrimerías de siglo IV.
 3. La cristiana, triunfante en Roma desde el siglo IV.

El resultado de esta fusión será, en primera instancia, un cambio intelectual, de actitudes mentales, que nos introduce ya en la Edad Media propiamente dicha. Pero mirado a más largo plazo, nos encontramos ante los cimientos, la auténtica raíz, de la cultura europea occidental de nuestros días. Como característica de esta época sincrética de los siglo V-VI podemos hablar de la dispersión geográfica de los focos culturales. Existe una unidad cultural, derivada del mencionado sincretismo, pero aparecerán una serie de individualidades que vienen a regenerar la vida cultural en varias nacionalidades.

 3.2. Las invasiones y el mundo cultural romano.

El asentamiento de los bárbaros en el Imperio se realiza en pequeños grupos, minoritarios frente a una población autóctona romanizada. Ello explica que el latín prevalezca como medio de expresión hablado y escrito en las diferentes regiones sobre las lenguas germánicas. La instalación de los germanos lo que provoca es la regionalización de la lengua latina.

La lengua literaria, la que conocemos por los autores clásicos, no era la que hablaba el pueblo. De hecho, la Retórica distinguía varios estilos o discursos, y el sermo humilis, el más ordinario, estaba destinado a la conversación cotidiana. La lengua culta de los letrados se vuelve cada vez más difícil y oscura, sobre todo para el pueblo llano, a fuerza de usar vocablos raros, metáforas, alegorías constantes, etc. Esta lengua hubiera desaparecido si las clases altas de la sociedad no la hubiesen considerado como un paradigma de la estética literaria.

 Por otro lado, la lengua latina vulgar se simplifica, tanto en lo referente al vocabulario como en la sintaxis. A ella se añade un aporte bárbaro, cuya intensidad se discute en el campo de la sintaxis, pero que se manifiesta claramente en cuanto al vocabulario respecto, sobre todo en la toponimia. Este divorcio entre una lengua culta, literaria, cada vez más alejada del común, y una vulgar en proceso de transformación, está plenamente asentado en el siglo V. Sobre la última influirán, además, las deformaciones debidas a las pronunciaciones diferentes en las diversas áreas geográficas y distintos sectores sociales. Esta deformación oral hace que el latín hablado se convierta en el antecedente de las lenguas románicas que aparecerán en las naciones. La cuestión clave a responder por los historiadores no es saber en qué momento se deja de hablar el latín, sino cuándo los pueblos no son ya capaces de entenderlo, tanto en su vertiente literaria como las formas correctas de lenguaje oral, algo que pudo producirse a lo largo de los siglos V y VI.

Frente a este proceso de transformación cultural, existieron entre los intelectuales posturas de rechazo y abierta colaboración.

1. El rechazo. Un buen número de intelectuales, formados en las escuelas públicas a la usanza romana, ignora, primero, y rechaza abiertamente de formas hostil, después, la cultura bárbara que inunda el imperio. Entre estos intelectuales la figura principal es Sidonio Apolinar. Nacido hacia el 431 de familia aristocrática galo romana, estudió en Lyon y Arlés; participó activamente en política, alcanzando el rango de prefecto de Roma en el 468 con el Emperador Artemio. Tras abandonar la política fue elegido obispo de Clermont, puesto desde el que hará frente a los godos ante el vacío de poder imperial. Tal actitud fue secundada por una buena parte de la aristocracia galo romana que utilizaba a la Iglesia como elemento aglutinador. Sidonio no tiene una gran formación filosófica helenística ni tampoco teológica; destacó en la composición de una poesía espiritual, muy leída en la Edad Media, tal vez por el prestigio de su condición episcopal.

2. La colaboración. Existe otro sector de intelectuales que, aun compartiendo compartiendo con Sidonio ese rechazo a la cultura bárbara, decide adoptar una postura colaboracionista, muchas veces con el único objetivo de conservar los puestos de responsabilidad que ocupa. Los letrados y juristas al servicio de los reyes bárbaros son numerosos. Este mantenimiento de romanos en las más altas funciones es particularmente importante en Italia durante la dominación ostrogoda.

El rey godo Teodorico, educado  en Constantinopla, se presenta a sí mismo como restaurador de la romanidad y conciliador de los pueblos. Contemporáneo de Teodorico es Casiodoro, quizás el mejor ejemplo de un romano de alta cultura al servicio de un monarca germano, de Teodorico. 

Nacido en el 485, hijo de un alto funcionario, entró él mismo muy joven en la administración. Llegó a ser cónsul (514), magister officiorum y pretor (533), retirándose de la vida pública en el 538. Su obra más conocida  son las Variae, recopilación de documentos de su época de funcionario en 12 libros que incluyen cartas del período de Teodorico, modelos de documentación cancilleril y cartas de los sucesores de Teodorico. Casiodoro es un maestro de la Retórica y aportó gran prestigio a la administración ostrogoda, no sólo desde el punto de vista organizativo sino por la perfección en la redacción de la documentación oficial. (Ver documentos).

 3.3. El primer renacimiento italiano. Boecio.

 Desde finales del siglo V y durante el siglo VI cabe hablar de un “renacimiento cultural” en la península italizan facilitado por tres factores:
 1. El mantenimiento del pontificado, cuya actividad pastoral era fuente de producción literaria, por ejemplo epistolar, y cultura.
 2. El impulso otorgado por el reino ostrogodo de Teodorico y sus sucesores.
 3. La aparición de algunas grandes figuras, como Casiodoro y, ante todo, Boecio.

Boecio nació en la segunda mitad del siglo V y murió ejecutado al oponerse a Tedorico, en el año 524. Su obra filosófica tiene importancia capital en la Edad Media, pudiendo considerársele uno de los fundadores de la Filosofía medieval. Los intelectuales alto medievales lo utilizaron como medio de introducción a al filosofía griega. De su formación intelectual sólo sabemos que dominaba el griego a la perfección y su profundo conocimiento de los clásicos. Es autor de un tratado llamado Quadrivium, sobre las artes científicas, Aritmética, Geometría, Música y Medicina, así como de la traducción y comentario de la obra de Aristóteles, en cuatro tratados; dos de ellos, conocidos en la Edad Media como Lógica vetus (Lógica antigua), se usaron como manual de Lógica y Aritmética en las escuelas desde el siglo IX.

Tiene también una vertiente como teólogo, en la que intentó unir el Neoplatonismo con el Aristotelismo, aplicando a su pensamiento filosófico neoplatónico las normas de la lógica de Aristóteles. En este sentido, sienta las bases de lo que será la exégesis de la Filosofía y la Teología medievales, mediante el uso de un lenguaje técnico y preciso tomado de la Lógica. Boecio enriquece con ello el latín, dotándolo de un vocabulario renovador capaz de explicar cuestiones de enorme complejidad.

Su trabajo más conocido es De consolatione Philosophiae, escrita en prisión; en ella, a través de un diálogo con Filosofía, aborda temas como la felicidad, la providencia divina y la libertad humana. Escrita en prosa y verso, alcanza un refinamiento expresivo hasta entonces no logrado; un signo del prestigio de esta obra es que fue traducida a la lengua vulgar antes del año 1000 y objeto de otras muchas traducciones y comentarios hasta el siglo XV. No resulta exagerado señalar que Boecio es uno de los grandes responsables, quizás el principal, de la transmisión de la Filosofía antigua a la Edad Media. (Ver Documentos ).

 3.4. La cultura en la Galia. Gregorio de Tours.

A fines del siglo V y durante el siglo VI son los monjes quienes mantienen la débil actividad intelectual en la Galia, orientándose a una obra pastoral. La figura principal, en la segunda mitad del siglo VI, es Gregorio de Tours. Nacido hacia el 539, fue obispo de Tours y falleció en el 594. Tours era la diócesis más importante de la Galia, lo que le permitió un contacto directo con los reyes merovingios.

Su obra más importante es la Historia francorum libri X. Se trata de una historia universal, desde la Creación hasta el año 591. Desde el libro IV, el autor narra los acontecimientos vividos por él, por lo que nos encontramos ante una fuente de primera mano para el conocimiento del reino franco. La cultura clásica de Gregorio era deficiente, por lo que su Historia está escrita en latín vulgar. Aparte de la narración de los grandes acontecimientos, tiene un doble valor añadido: el conocimiento que nos transmite de la lengua cotidiana en uso y las noticias sobre la vida diaria y la mentalidad social.

 3.5. El renacimiento cultural visigodo. Isidoro de Sevilla.

La situación cultural en Hispania hacia los siglos IV y V era similar a la de la Galia. Sin embargo, desde el siglo VI se produjo un renacimiento cultural con una fuerte impronta eclesiástica, en especial vinculado al clero y el monacato, lo que no significa que no hubiera laicos ilustrados y que el arte de la lectura y la escritura no estuviera extendido entre amplios sectores de la población. La creación de escuelas episcopales y monásticas para paliar la incultura del clero hispánico católico se encuentra en el origen de este renacimiento cultural; ante el asentamiento de un poder bárbaro y arriano, la Iglesia católica vio imprescindible resaltar sus lazos de continuidad con la cultura cristiana y latina tardo antigua. Por ello no debe extrañar que el primer testimonio de la existencia de un enseñanza más o menos reglada y obligatoria para el clero proceda de un concilio, el II de Toledo, del año 531. Estos comienzos cobrarán notable impulso por el mecenazgo ejercido por algunos monarcas, como Sisebuto. Es asimismo llamativa la formación de grandes bibliotecas, tanto algunos monasterios (Servitano, Agalí) como en sedes episcopales.

A lo largo del siglo VI, la periferia de la península Ibérica se convierte en el lugar de actividad de algunas figuras, como Justo de Urgel y Juan de Bíclaro, nacido hacia el 540, obispo de gerona y autor de un Chronicon de gran veracidad que describe la historia vivida por él. Entre los grandes intelectuales del reino visigodo debemos citar al obispo Leandro de Sevilla, promotor del III concilio de Toledo (589) que supuso el final del arrianismo y la conversión del rey Recaredo, a Ildefonso de Toledo y Braulio de Zaragoza, también obispos. Pero, sin lugar a dudas, por encima de los demás destaca Isidoro de Sevilla. Nacido hacia el 560, fue obispo de sevilla desde el 599 y murió en el 636. Consejero del rey Sisebuto, Isidoro era un hombre de gran erudición, formado en los autores eclesiásticos, más que en los clásicos. Es ante todo conocido por las Etimologías, una de las obras, junto a la Biblia, más difundida en la Edad Media. Se trata de un compendio o enciclopedia en veinte libros, de todo el saber humano. El método utilizado por Isidoro para la elaboración de esta gran obra fue el análisis etimológico de las palabras, a partir del cual describe los contenidos de cada una de las entradas. (Ver Documentos)

Como historiador, hay que destacar su Historia gothorum, wandalorum et suevorum. Comprende los años 176 d.C. a 628 y marca un cambio de perspectiva respecto a la historia que se había escrito hasta el momento: aparece el sentimiento de un pueblo, el visigodo, al que se hace heredero de Roma, liberado de la tutela imperial e identificado con Hispania. Frente al universalismo dominante, aparece un claro sentimiento nacional.

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